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La caída del Sacro Imperio Romano Germánico a manos de los protestantes

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24/09/2021 11:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Si el cristianismo nace gracias al emperador romano Constantino, el protestantismo nace gracias al Rey Enrique VIII, si el primero buscaba dar cobertura ideológica al imperio romano, el segundo buscaba resolver y disolver su situación familiar

Así de cruel es la realidad de la historia por mucho que se empeñen algunos en adornarla de “grandeza” eso que los franceses llaman “Grandeur” y que sólo sirve para pasar el rato, porque tarde o temprano la historiografía pone las cosas en su sitio.

Constantino nos dejó la iglesia cristiana romana que le haría la competencia a la iglesia cristiana griega (Ortodoxa) y a la iglesia cristiana egipcia (Copta), amén de Constantinopla, gracias al predominio del latín.

De no haber sido por Constantino, no habría cristianismo y nos hubiéramos conformado con los odiados judíos que en su momento expulsó Tito del Imperio romano, allá por el siglo I, a sangre y fuego.

El vacío dejado por los judíos se llenó con el Mesías prometido, un tal Jesús que se sacaron de la manga los romanos siglos más tarde y del que no da cuenta en sus crónicas judías del siglo I Flavio Josefo, (nacido en Jerusalén) a pesar de haber sido el líder de los zelotes y buen conocido de las distintas tribus judías de aquel entonces.

Con el cristianismo comienza la época de las adoraciones y la creencia en lo intangible, como la misma continuidad del Imperio romano, que caería cuando los protestantes deciden separar a la iglesia del Imperio en tiempos de Carlos V y gracias al desacato de Enrique VIII, el nacimiento de la iglesia luterana y con ella el auge de los protestantes.

Hasta entonces emperadores, reyes y reyezuelos, lo eran en latín, por la “gracia de dios” algo a lo que dio continuidad el mismísimo dictador español Francisco Franco, que se hacía pasear bajo “palio” en las procesiones cristianas.

Hartos de la Santa Inquisición, muchos pueblos se sacudieron el yugo de la iglesia romana, para caer en el fanatismo puritano o entregarse a la Utopía de Tomás Moro, creando la Nueva Jerusalén, en el nuevo continente o allá a donde peregrinaran en su huída de la iglesia de Roma.

Los Anabaptistas (Calvinistas) pasaron a ser Presbiterianos y los Presbiterianos a ser Cuáqueros, los Menonitas pasaron a ser Amish y con ellos los Protestantes pasaron a ser enemigos de la autoridad terrenal impuesta, ya fuera Monarquía, ya fuera Estado.

Los elementos identitarios son fundamentales para la dominación de las sociedades

Así fue como concretaron los Amish la Utopía de Tomás Moro y así es como la siguen expandiendo planeta adelante con nuevas comunidades Amish en países antes impensables.

Los romanos había descubierto que la ideología asociada al idioma, era la mejor forma de dominar a las sociedades, lo aprendieron de los judíos y los árabes de los romanos al crear el Islam, así que los protestantes aprendieron que para crear una nación lo mejor era crear una religión propia en el idioma materno y eso lo aprendieron de los clanes escoceses de la mano de los calvinistas que imitaron a Enrique VIII, una religión, un idioma y una nación.

Así dejó de tener sentido el Sacro Imperio Romano Germánico, y nació Alemania de la mano de Martín Lutero y su Biblia en alemán.

Así, gracias a la Biblia inglesa que había parido Calvino y que regaló a los calvinistas escoceses, nacieron los protestantes peregrinos que corrieron a fundar la Nueva Jerusalén allende los mares hasta embarrancar en Massachusetts y erigirse más tarde como los padres fundadores de los Estados Unidos de América, es decir los salvadores y fundadores de la Patria.

Tampoco hay que olvidar que los principales impulsores de la creación de la Gran Bretaña, fueron precisamente los anabaptistas y especialmente los calvinistas en una clara emulación de Martín Lutero de una iglesia, un idioma, una nación y si no puede ser… una Iglesia para unir naciones que hablan el mismo idioma, razón fundamental de la creación del Islam para los árabes.

Así que lo que Roma concibió en su día como fórmula mágica para unificar el Imperio, volvió de nuevo a servir a aquellos que desmontaron el Imperio romano para crear uno nuevo.

Tampoco hay que olvidar que no es hasta el Concilio Ecuménico Vaticano II (1962), cuando la iglesia romana autoriza el uso de las lenguas maternas o vernáculas para la celebración de la misa.

Volvemos a Hegel, la historia es una sucesión de repeticiones en espiral ascendente que va depurando y mejorando lo que se lleva por delante.

Bueno… lo de mejorando es un decir, más bien, lo va cambiando por algo parecido a lo anterior.

 

@ordosgonzalo

 

 

gonzalo   alvarez-lago   garcia-teixeiro

 


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