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La conquista de la luna, 20 de julio de 1969

21/07/2012 23:30

0 Algunos dudan que esta conquista sea una realidad

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1969 - 20 de julio - 2012

APOLO 11, ALUNIZAJE .

LA TREORIA DE UNA CONSPIRACION

43 años pasaron desde aquel dia, o en nuestro caso aquella noche ya que Neil Armstrong, ante la mirada atónita de mil millones de telespectadores de todo el planeta, plantaba su pie izquierdo en la polvorienta superficie lunar.

La luz solar, sin ninguna atmósfera que la atenuase, era muy brillante dando una iluminación perfecta a la escena. Se trataba del comienzo de una nueva era pero también el inicio de una guerra entre la NASA y un grupo no precisamente escaso de lunaescépticos.

Yo tenía entonces 14 años y pasaba aquella noche en casa de mis abuelos cuando ya entrada la madrugada, asisti atónito como la mayoría de la gente a ver como la televisión, con métodos muy primitivos trasmitía en directo el alunizaje del Apolo 11, su cápsula y el módulo de alunizaje.

Recordemos que Apolo 11 es el nombre de la misión espacial que Estados Unidos envió al espacio el 16 de julio de 1969, siendo la primera misión tripulada en llegar a la superficie de la Luna.

El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde la plataforma LC 39A y lanzado a las 10:32 hora local del complejo de Cabo Kennedy, en Florida (Estados Unidos). Oficialmente se conoció a la misión como AS-506.

La tripulación del Apolo 11 estaba compuesta por el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del LEM, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. La denominación de las naves, privilegio del comandante, fue Eagle para el módulo lunar y Columbia para el módulo de mando.

El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite el 21 de julio de 1969 a las 2:56 (hora internacional UTC) al sur del Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis), seis horas y media después de haber alunizado. Este hito histórico se retransmitió a todo el planeta desde las instalaciones del Observatorio Parkes (Australia).

El 13 de junio, tres semanas antes del lanzamiento, comienza la carga de queroseno tipo RP-1 en la primera etapa del Saturno V, un trabajo que termina seis días después. El 15 de julio, ocho horas antes de la hora prevista para el lanzamiento y para evitar pérdidas por evaporación, se procede al bombeo de oxígeno líquido (LOX) e hidrógeno líquido (LH2) en los tanques de las tres etapas del cohete. Estos últimos propelentes son almacenados a altas presiones y a bajas temperaturas, por lo que se los denomina genéricamente criogénicos.

El Saturno V despega.

El 16 de julio, los astronautas Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins, son trasladados hasta la nave para proceder a su posterior lanzamiento. Mientras tanto, el ordenador del Complejo 39 realiza las últimas comprobaciones y supervisa que todos los sistemas funcionan. El director de vuelo, Gene Kranz, verifica las recomendaciones del ordenador y consulta a los miembros de su equipo. Entonces comienza la secuencia de ignición.

Los cohetes Saturno V constaban de varias fases que se iban desprendiendo de la nave una vez consumían su combustible.

El módulo de mando y el módulo lunar permanecen unidos todavía a la tercera etapa denominada S-IV B. Según las normas de las misiones lunares, las naves Apolo deben permanecer tres horas en una órbita llamada órbita de aparcamiento a 215 km de altura. La tripulación emplea este tiempo en estibar los equipos, calibrar instrumentos y seguir las lecturas de navegación para comprobar que la trayectoria que siguen es la correcta.

En el control de misión verifican la localización de la nave, dan instrucciones a los astronautas y reciben los datos de quince estaciones de rastreo repartidas por todo el planeta, que han de estar perfectamente coordinadas.

Una vez que el Apolo 11 completa la segunda órbita a la Tierra y los astronautas terminan de realizar sus tareas, Houston da la orden para poner rumbo a la Luna. Después de orientarse de forma precisa, la tercera etapa pone en marcha su motor con las sesenta toneladas de combustible que aún permanecen en los tanques. El cohete acelera gradualmente hasta alcanzar los 45.000 km/h. Esta maniobra recibe el nombre de inyección trans-lunar, y por su dificultad es el segundo punto crítico de la misión.

Cuando se agota el combustible de la tercera etapa, comienza otra parte crítica de la misión. El módulo lunar permanece oculto bajo un carenado troncocónico entre la tercera etapa y el módulo de servicio. Hay que iniciar la maniobra de transposición y colocar al LEM delante del módulo de mando. El carenado que protege al LEM se fragmenta en cuatro paneles usando pequeños detonadores explosivos similares a los que se usan para separar las sucesivas etapas agotadas. El LEM se separa del S-IV B y tras una complicada maniobra que ejecuta la tripulación utilizando los propulsores de posición quedan los dos vehículos ensamblados. Esta maniobra dura alrededor de una hora. Después se desprende la tercera etapa y se prosigue con la misión.

El Apolo 11 realizará durante tres días la supervisión de los aparatos de navegación,

EL "AGUILA" LLEGÓ A LA LUNA

El comandante Neil Armstrong y el piloto del LEM Buzz Aldrin pasan del módulo de mando al LEM. Completada la decimotercera órbita lunar y cuando están en la cara oculta con las comunicaciones con Houston interrumpidas, Mike Collins, piloto del Columbia, acciona el mecanismo de desconexión y el Eagle comienza a separarse de su compañero de viaje. Con unos cuantos disparos de los propulsores de posición, el Columbia se retira, permitiendo al Eagle realizar la complicada maniobra de descenso hacia la superficie lunar. Esta maniobra comienza con un encendido de quince segundos con el motor trabajando al 10%, seguido de quince segundos más al 40%. Con este encendido consiguen abandonar la órbita de la Luna e iniciar una lenta caída hacia la superficie.

Todos los sistemas funcionan con normalidad. Neil Armstrong dispara una corta ráfaga de impulsos con los propulsores de posición para realizar un proceso que se repite en todos los encendidos hipergólicos.

El ordenador trabaja ahora según su programa 63 que es el modo totalmente automático. Siete minutos después de iniciada la secuencia de descenso y a una altura aproximada de seis kilómetros de la superficie, Neil Armstrong introduce en el ordenador el programa número 64. Con este programa, el empuje del motor desciende hasta un 57% y el LEM se sitúa en posición horizontal respecto a la superficie de la Luna. El sitio exacto de alunizaje, se encuentra a menos de veinte kilómetros al Oeste. Aproximadamente en esos momentos, el oficial de guiado comunica al director de vuelo que el LEM viaja a más velocidad de la programada. Este hecho podía causar el aborto del alunizaje pero el director de vuelo decide seguir con los procedimientos de alunizaje.

Debido a esto el LEM sobrepasa el lugar donde debería haber alunizado. Al parecer, el ordenador les está conduciendo hacia un gran cráter con rocas esparcidas a su alrededor que causarían serios daños al módulo si el alunizaje se produjese en esa zona. Armstrong desconecta el programa 64 e introduce el 66. Este programa de control semiautomático controla el empuje del motor pero deja en manos de la tripulación el movimiento de traslación lateral del LEM. El comandante desliza el módulo lunar en horizontal por la superficie buscando un lugar adecuado para el alunizaje mientras Aldrin le va leyendo los datos del radar y el ordenador. El LEM pierde altura gradualmente. A menos de dos metros de la superficie, una de las tres varillas sensoras que cuelgan de las patas del LEM, toca el suelo.

El Eagle recorre el último metro en una suave caída gracias a la débil gravedad lunar. El terreno ha resistido bien el peso del aparato y todos los sistemas funcionan.

Houston…aquí base Tranquilidad, el Águila ha alunizado

En Houston son las 15:17 del 20 de julio de 1969 (las 20:17:39 h UTC5 ). El Eagle está posado sobre la superficie del satélite. En el momento del contacto el motor de descenso posee sólo unos 30 segundos de combustible restante, alunizando a 38 m de un cráter de 24 m de diámetro y varios de profundidad.

Seis horas y media después del alunizaje, los astronautas están preparados para salir del LEM. El primero en hacerlo es Armstrong, quien mientras desciende por las escaleras activa la cámara de televisión que retransmitirá imágenes a todo el mundo. Una vez hecho esto, describe a Houston lo que ve, y al pisar el suelo a las 2:56 del 21 de julio de 1969 (hora internacional UTC), dice la famosa frase: "Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad".

Los astronautas se percatan de la baja gravedad y comienzan a realizar las tareas que les han encomendado, instalar los aparatos del ALSEP, descubrir una placa con una inscripción que conmemora la efeméride, después el comandante instala una cámara de televisión sobre un trípode a veinte metros del LEM. Mientras tanto Aldrin instala un detector de partículas nucleares emitidas por el Sol, esto es una especie de cinta metalizada sobre la que incide el viento solar que posteriormente deberán trasladar al LEM para poder analizarla en la Tierra al término de la misión. Más tarde ambos despliegan una bandera estadounidense, no sin cierta dificultad para clavarla en el suelo selenita e inician una conversación telefónica con el presidente de los Estados Unidos Richard Nixon:

Huella del astronauta Buzz Aldrin.

- “Hola Neil y Buzz, les estoy hablando por teléfono desde el Despacho Oval de la Casa Blanca y seguramente ésta sea la llamada telefónica más importante jamás hecha, porque gracias a lo que han conseguido, desde ahora el cielo forma parte del mundo de los hombres y como nos hablan desde el Mar de la Tranquilidad, ello nos recuerda que tenemos que duplicar los esfuerzos para traer la paz y la tranquilidad a la Tierra. En este momento único en la historia del mundo, todos los pueblos de la Tierra forman uno solo. Lo que han hecho los enorgullece y rezamos para que vuelvan sanos y salvos a la Tierra”

Armstrong contesta al presidente:

- “Gracias señor presidente, para nosotros es un honor y un privilegio estar aquí. Representamos no solo a los Estados Unidos, sino también a los hombres de paz de todos los países. Es una visión de futuro. Es un honor para nosotros participar en esta misión hoy”.

OPINIONES Y REPERCUSIONES

De algo si estamos seguros, el 20, de julio de 1969 el mundo entero fue testigo de un hecho que jamás olvidaremos, EL HOMBRE HABÍA LLEGADO A LA LUNA.

Es cierto que por aquellos años en que no existía globalización, ni internet, ni redes sociales, ni siquiera computadoras como se las conoce en la actualidad. La televisión daba sus primeras señales de un adelanto revolucionario, pewro en paises del tercer mundo no todo el mundo tenía acceso a poseer un aparato en casa, sin contar que hablamos de los viejos aparatos a válvula y pantalla en blanco y negro.

Hay quienes dudan que el acontecimiento sea real

Pero aun asi, pudimos ver la llegada del hombre a la luna, el comienzo de un nuevo mundo, una nueva era, una era que provocó la aparición de un escaso grpo de LUNACÉPTICOS.

Son los que, 43 años después, piensan que todo fue un engaño, un sofisticado montaje destinado a cumplir a cualquier precio la promesa propagandística que, en su momento, realizara el malogrado presidente Kennedy: llegar a nuestro satélite antes de finalizar la década de los sesenta.

Autores polémicos como Bill Kaysing, Ralph René o el cineasta Bart Winfield Sibrel afirman que los desembarcos lunares de las misiones Apolo fueron un fraude. Para ellos -y para un 11% de los norteamericanos según las encuestas realizadas por la NASA- Armstrong pudo dar su «pequeño paso para un hombre», no a medio millón de kilómetros de la Tierra, en las polvorientas llanuras del mar de la Tranquilidad, sino en otras llanuras, no menos polvorientas, que se encuentran a apenas 150 kilómetros de los carteles luminosos de Las Vegas, concretamente en unos estudios cinematográficos construidos en secreto en el desierto de Nevada.

Periódicamente la NASA ha tenido que salir al paso de las suspicacias de los norteamericanos que piensan que el alunizaje fue más bien un alucinaje, una alucinación. Las últimas de estas ocasiones fueron el 15 de febrero y 19 de marzo de 2001, cuando la Fox emitió el programa Conspiracy Theory: Did We Land on the Moon? (Teoría de la conspiración: ¿Hemos aterrizado en la Luna?), presentado por Mitch Pileggi, actor de la popular Expediente X. En él se denunciaba una amplia serie de incongruencias en la versión oficial de la conquista de nuestro satélite.

Y es que no nos encontramos ante una leyenda urbana ni sus defensores son los típicos freaks de programa televisivo nocturno. Por el contrario, quienes han investigado este tema aportan argumentos de peso suficiente como para, al menos, abrir el resquicio de una duda razonable.

Ya en los 70 se empezó a especular con que los graves inconvenientes técnicos sufridos en la misión del Apolo I (se incendió en la cuenta regresiva previa al despegue matando a sus tripulantes) habrían sido imposibles de solucionar en solo dos años.

Por otro lado, la situación política y social de EEUU entonces hace perfectamente verosímil que, en caso de que limitaciones tecnológicas no hubieran permitido la llegada a la Luna en la fecha prometida, se escenificara un montaje para evitar el bochorno internacional. No hay que olvidar que la carrera espacial era uno de los más grandes escaparates propagandísticos de la Guerra Fría, un multimillonario spot publicitario de la grandeza y poderío estadounidense.

Hasta aquel momento, los soviéticos tenían una innegable superioridad frente a EEUU en materia de misiones tripuladas: los primeros en poner un satélite artificial en órbita, en llevar a cabo un vuelo tripulado o la primera maniobra de acoplamiento de dos naves espaciales. Llegar a la Luna serviría para disipar las dudas sobre la inferioridad de la tecnología estadounidense de cohetes, la misma que utilizaban los misiles que formaban la columna vertebral del arsenal nuclear de EEUU.

Además, el alunizaje de 1969 se produce en el momento más sangriento de la Guerra de Vietnam y constituía una distracción muy conveniente para los ciudadanos de un país estremecido por los más de 50.000 jóvenes muertos en una contienda cuyas razones y propósito no terminaban de entender.

CONJETURAS

Fracasar en el intento habría constituido un problema de primer orden al que habría tenido que enfrentarse el presidente Richard Nixon, alias Dick el trapacero. Apelativo que se ganó gracias al escándalo Watergate, que destapó ante la opinión pública su condición de rey indiscutible del encubrimiento, las cintas confidenciales y los trucos sucios.

No cuesta demasiado trabajo imaginarse a Nixon respaldando el fraude.

Si se trata de aportar pruebas concretas, los escépticos sacan de sus cajones decenas de fotografías oficialmente tomadas por los astronautas en la superficie de nuestro satélite que presentan cierto número de interesantes anomalías. David Percy, prestigioso fotógrafo británico y miembro de la Royal Photographic Society declaraba ante las cámaras de la Fox: «Las fotografías del Apolo fueron falsificadas. Muchas están llenas de inconsistencias ».

La más curiosa de ellas es la que destaca Maria Blyzinky, directora de astronomía del Observatorio de Greenwich (Londres). A falta de una atmósfera que entorpezca el paso de la luz, en la Luna las estrellas deberían ser totalmente visibles. Pues bien, en las imágenes tomadas por los astronautas no aparece una sola estrella. En todas las instantáneas el firmamento presenta un profundo e invariable color negro.

Resulta raro que, dadas las inmejorables condiciones de observación, la gran calidad de la cámara Hasselblad con la que estaban equipados y la sensibilidad de la película utilizada -una Ektachrome de 160 ASA-, a ninguno de los astronautas se le ocurriese hacer una instantánea con un tiempo de exposición suficiente como para recoger ese firmamento único. Tal vez se debiera a que, de todos los elementos susceptibles de falsificación a la hora de construir un decorado que simulase el paisaje lunar, el cielo es precisamente el único imposible de reproducir sin levantar las sospechas de un astrónomo.

Diversos analistas han señalado multitud de fallos en varias imágenes: diferencias imposibles entre fotografías y filmaciones; sombras que en en lugar de ser paralelas a los objetos, como sucedería si la fuente de iluminación fuera el Sol, trazan líneas divergentes, como si el foco de luz estuviera mucho más cercano; encuadres dignos de un fotógrafo profesional y no de un astronauta que lleva la cámara fijada a la altura del pecho de su traje espacial...

Demasiadas incógnitas como para no atreverse a preguntar a los protagonistas de la historia. El pasado 21 de septiembre, el astronauta Edwin Buzz Aldrin, segundo hombre en pisar la Luna, resultó absuelto en los tribunales de un cargo de agresión contra un teórico de la conspiración que le retó de improviso a que jurara ante una Biblia que llevaba a tal efecto que realmente estuvo en la Luna en 1969. El veterano tripulante del Apolo XI, de 72 años de edad, declaró a las autoridades que actuó en legítima defensa cuando golpeó a Bart Winfield Sibrel, de 37 años, a la salida de un hotel de Beverly Hills.

Sibrel es la figura más destacada de la segunda generación de apoloescépticos. Con un dilatado currículo como realizador, que incluye trabajos para la NBC, CNN o Discovery Channel, ha producido reportajes televisivos y un documental en los que expone diversas pruebas y testimonios que ilustrarían el truco lunar. Ahora rueda una nueva película sobre este tema y es precisamente esta producción la causa de su enfrentamiento con Aldrin, que fue filmado por un cámara.

Este incidente hay que enmarcarlo en el código de silencio que rige entre los astronautas del proyecto Apolo. Collins, calla, y Neil Armstrong, presuntamente el primero en pisar la Luna, se niega a conceder entrevistas: «No me hagan ninguna pregunta y yo no les diré ninguna mentira», dijo en una ocasión.

Y frente a ellos, reputados escépticos como Bill Kaysing. Este californiano de pelo cano trabajó como jefe de publicaciones técnicas para la sección de investigación y desarrollo de Rocketdyne, contratista de los motores del proyecto Apolo. Ya entonces empezó a sospechar que el trabajo que se desarrollaba en su empresa poco tenía que ver con la Luna. Tras años de trabajo publicó, pagado de su propio bolsillo, Nunca fuimos a la Luna, el libro donde denuncia los alunizajes falsos, las fotografías retocadas, las presuntas rocas lunares que jamás han salido de la Tierra y los astronautas programados psicológicamente para mantener una impostura tan perfecta que ellos mismos se la creen. Por no hablar de cómo ciertos medios de comunicación fueron partícipes y encubridores de todo ello, empezando por Walter Cronkite, el hombre que narró para los estadounidenses el histórico momento.

MENTIRAS DE LA UNION SOVIETICA

Llegados a este punto ya no nos extraña comprobar que la Unión Soviética mintiera reiteradamente sobre su carrera espacial.El 12 de abril de 2001, aniversario de la fecha en que fue enviado el primer hombre al espacio, el diario ruso Pravda sorprendía al mundo con la revelación de que Yuri Gagarin no fue el primero.En 1957, 1958 y 1959 tres pilotos soviéticos murieron en varias tentativas. La guerra propagandística entre ambas superpotencias hizo inviable que los rusos confesaran los trágicos fracasos.

Durante décadas la propaganda soviética vendió la historia de la perrita Laika orbitando alrededor de nuestro planeta durante una semana y siendo fuente de valiosos datos que contribuirían a hacer más seguras las expediciones tripuladas por humanos.Hoy sabemos que Laika falleció apenas siete horas después del despegue, víctima de un ataque al corazón provocado por el pánico.Una muerte muy poco apropiada para el triunfalismo que requería la propaganda de la Guerra Fría, por lo que la verdad fue sutilmente manipulada y no se ha conocido hasta muy recientemente.

¿Recurrieron los norteamericanos a tácticas similares? Es casi seguro que sí. Puede que la NASA, al igual que los soviéticos en su día, desvirtuase la verdad en aras de ocultar las miserias de su programa espacial. Puede que dentro de unos años tengamos la respuesta definitiva a la cuestión de si el hombre fue o no a la Luna en aquella fecha. Una compañía privada, Transorbital, tiene previsto el lanzamiento de un satélite en órbita alrededor de nuestro satélite, equipado con una cámara lo suficientemente potente como para fotografiar los restos de las misiones Apolo sobre la superficie lunar. Tal vez entonces los más suspicaces acepten por fin que los humanos alcanzaron la Luna, para tranquilidad de la NASA.

OTROS PUNTOS DE VISTA

YO LOS VI DESDE FRESNEDILLAS

EL EX DIRECTOR de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui, niega que hubiera truco en la llegada del hombre a la Luna

Desde que el hombre puso sus pies en la Luna siempre ha habido incrédulos. ¡Si no lo veo no lo creo! Contra esta actitud es difícil luchar. Pero recientemente se ha reavivado la absurda polémica con motivo de que la NASA fuera a tomar cartas en el asunto. Tuve la suerte de ser testigo de aquel gran acontecimiento, y algo puedo decir. El viaje de una nave espacial es un acto público y no, como creen algunos ingenuos, un experimento secreto que se realiza en un laboratorio clandestino. Cuando una nave tripulada viaja por el espacio exterior está siempre en contacto radioeléctrico con varias estaciones de seguimiento en tierra, que la conducen hacia su destino, analizan todos sus datos de telemedida y le envían las órdenes para que realice muchas operaciones que no son efectuadas por los astronautas que la tripulan. En el caso de las Apolo, las estaciones principales de seguimiento estaban en California, Australia y España (Fresnedillas, cerca de Madrid). Cada una cubría ocho de las 24 horas del día, medían continuamente la posición de la nave, su velocidad y comprobaban que seguía la órbita correcta. Los datos no eran secretos, todo lo contrario, se daban a los medios de comunicación para que los pormenores de aquellos viajes memorables fueran de domino público. En Fresnedillas había 40 o 50 periodistas que disponían de estos datos casi al instante. Lo realmente importante es que los seguimientos de las naves se podían hacer desde cualquier radiotelescopio bien dotado aunque no perteneciera a la NASA.Los rusos, por ejemplo, seguían a las naves americanas para conocer lo mejor posible sus objetivos. También desde otros lugares, Alemania o el Reino Unido, se siguieron estos vuelos. Nadie dudó de que las Apolo llegaran a la Luna. Si todo hubiera sido una farsa, los soviéticos, enzarzados en una tremenda pugna con los americanos por ver quién llegaba primero, hubieran puesto el grito en el cielo y lo habrían denunciado. Un detalle más. El 13 de julio de 1969, tres días antes de que partiera el Apolo XI, los soviéticos enviaron la sonda no tripulada Luna 15. Pretendían, al parecer, recoger pequeñas rocas y traerlas a la Tierra antes que los astronautas del Apolo. Algunos radiotelescopios de otros países pudieron comprobar cómo esa sonda llegó al satélite y consta en todas partes que hubo conversaciones a alto nivel entre soviéticos y americanos para evitar interferencias radioeléctricas entre ambas naves o incluso un posible choque. Por un fallo técnico, la sonda soviética se estrelló contra la superficie de la Luna unas horas después de que Armstrong la pisara.

Es curioso comprobar cómo los intoxicadores profesionales consagran muchas páginas a polemizar sobre falsas anomalías en alguna de las fotografías publicadas por la NASA, indicando, por ejemplo, que en el cielo negro que aparece no se ven las estrellas, cuando es más que evidente que dada la altísima iluminación que hay en la Luna consecuencia de no tener atmósfera, las fotos deben tomarse con el diafragma muy cerrado, por lo que una estrella lejana no impresiona la película. Sin embargo estos profesionales de la desinformación no dedican ni un solo renglón a explicar si es cierto que la nave Apolo XI no fue a la Luna dónde estuvo desde que despegó de Cabo Kennedy ante muchos miles de espectadores hasta que cayó en el Océano Pacífico siete días después.

Luis Ruiz de Gopegui dirigió la estación española encargada de seguir el alunizaje del Apolo XI

Trabajo realizado por José Carlos Nosieski mediante el uso de artículos de enciclopedioas y del suplemento Cronica de El Pais de Madrid

El 20 de julio de 1969 el hombre dio uno de los pasos mas importantes en la conquista espacial

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