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“DISCAPACIDAD E INTEGRACIÓN “ Niños y Adolescentes Mirta De Andreis

26/03/2021 20:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

“En las culturas primitivas, los locos viven entre los otros seres, tienen su sitio en el pueblo, asumen un papel, aunque sea el de loco y son respetados como tales. En nuestra civilización, no hay lugar para un ser humano incapaz de cierto rendimiento social o escolar determinado”

Las palabras señalan las diferencias. El empleo del lenguaje “centrado en la persona”, es la forma correcta de referirse a alguien que tiene una capacidad diferente a la mayoría de los integrantes de una comunidad.

Por ejemplo: “Florencia es una alumna con discapacidad auditiva”. A medida que la sensibilidad social frente a los derechos humanos se desarrolla, también progresa la conciencia sobre las sutilezas del lenguaje.

Abordar el tema de la discapacidad, implica tener presente que es imposible apreciar completamente sus causas, procesos y consecuencias sin recurrir al entorno social y a la interacción del sujeto discapacitado con este.

Se sabe que los estudios de un tema específico, habitualmente se encuentran coloreados por la lente de la disciplina que profesa quien emprende su entendimiento.

 

Los primeros enfoques acerca de la discapacidad, su diagnóstico y categorización partieron de un modelo biomédico, atendiendo a las personas según la etiología de su enfermedad, sin entender sus necesidades subjetivas, generando segregación y etiquetamiento.

Esta división entre personas “normales y anormales”, se construyó arbitrariamente, en un momento histórico que propició este modelo de intervención y que actualmente aún coexiste con un nuevo enfoque que contempla las diferencias humanas, partiendo del concepto de que el derecho a la vida y al desarrollo de las prácticas sociales cotidianas, debe ser igual para todas las personas.

 

Una persona con discapacidad, tendrá la posibilidad de integrarse, más o menos adecuadamente, según el ambiente en el que le toque vivir. Comenzando por la familia, el medio educativo, social y laboral de su entorno.

Reconocer los prejuicios, la ignorancia y los mitos que rodean esta problemática, son el primer paso al acercarnos a este tema.

 

Una persona puede nacer con una deficiencia o puede adquirirla en el curso de su vida. Las discapacidades pueden ser transitorias o permanentes.

Según la Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías (C.I.D.D.M.) de la Organización Mundial de la Salud.1

 (OMS) tenemos las siguientes definiciones:

 

Deficiencia: Dentro del área de la salud, una deficiencia es toda pérdida o anormalidad de una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica.

Discapacidad: Dentro del área de la salud, una discapacidad es toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que, en una determinada cultura, se considera normal para una persona.

Minusvalía: Dentro del área de la salud, minusvalía es una situación desventajosa para un individuo determinado, consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad que limita o impide el desempeño de un rol que es normal en su caso (según su edad, sexo y otros factores sociales y culturales). La minusvalía surge de la discordancia entre la actuación del individuo y lo que el contexto en el que vive espera de él.

Cantis define así el origen de la discapacidad: “El origen de la discapacidad puede ubicarse en una falla genética o por ejemplo en un traumatismo de cráneo (producido por un accidente de tránsito), pero el efecto se manifiesta en principio como orgánico, de insuficiencia somática y ello repercute después en lo psíquico. En la clínica de la discapacidad la economía pulsional viene devastada desde adentro, hay un desequilibrio interno de la economía pulsional” 2

 

 

esta definición permite comprender el punto de intervención de la clínica en la discapacidad.

 

Este trabajo de reflexión, se centrará en:

 

vLa perspectiva psicoanalítica, el vínculo que se establece en una familia con el hijo discapacitado, y las múltiples y variadas derivaciones psíquicas, relacionadas en gran parte a este vínculo y que generan, trabas en el conocimiento del hijo discapacitado en cuanto sujeto individual, que siente y desea, más allá de su discapacidad.

 

Considerando, la complejidad de la problemática de la discapacidad, y la concepción de que la misma debe ser abordada dentro de un marco interdisciplinario, esta es una mirada como psicopedagoga.

El trabajar con niños que manifiestan diversos tipos de desviaciones del desarrollo. Permite observar en algunos casos la existencia de ciertos procesos disarmónicos, que generarían una organización evolutiva con rasgos inestables y que limitarían, no solo, el poder aprender en la institución educativa, sino también, la realización normal de numerosas actividades en la vida cotidiana.

Dentro del ámbito de la psicopedagogía, es habitual encontrar un discurso que proviene de los padres y que es sostenido también por la institución educativa. Por decirlo de alguna manera, el discurso oficial, que sostiene la sociedad actual, y que valoriza imperativamente, el éxito, la eficiencia, la capacitación y la competencia.

En general se observa que la ansiedad de los padres vinculada al rendimiento escolar, origina frecuentemente, un control y cuestionamiento sobre el rendimiento del niño, acerca de su promoción escolar, sus capacidades, su madurez, etc. Frente a la dificultad en la escolaridad, realizan consultas con diferentes profesionales, a veces derivados por los docentes, y los juicios o diagnósticos que se realicen sobre el niño, pueden tener profundas consecuencias y deteriorar el vínculo paterno-filial.

En el abordaje psicopedagógico de los trastornos de aprendizaje, la perspectiva no debe estar centrada en el síntoma y su eliminación, sino en la significación del síntoma.

En la práctica clínica se percibe que, desde la familia y la escuela, se espera frente a la consulta sobre las dificultades escolares, un diagnóstico que especifique cuál es el déficit cognitivo del niño y qué tratamiento debe seguir. Se busca una explicación simple, unívoca y tranquilizante.

Frente a estas expectativas es imprescindible acercarse al niño y sus dificultades de aprendizaje, considerándolas como un malestar a desplegar en el espacio psicopedagógico, y trabajar sobre el despegue del “rótulo” que carga (escolar que no puede aprender) para descubrir al niño en su singularidad.

El fracaso escolar afecta al sujeto en su totalidad, dividido por las fuerzas inconscientes que actúan a pesar suyo, agregándose a este sufrimiento, una dimensión característica, que es la herida narcisista de un niño o adolescente desvalorizado, familiar y socialmente, por no cumplir lo que se espera de él.

La presión social, la demanda de los padres, parece expresar el deseo aplastante del Otro, arrasando el deseo del niño, que queda apresado en la energía libidinal de sus padres y recepcionando las pulsiones y fantasmas de los mismos.

Si el niño se dedica solo a satisfacer esta demanda del Otro, queda apresado en su dominio, no se realiza la separación

(resolución edípica) no logrando constituirse en sujeto de deseo.

 

Solemos encontrarnos con niños “robotizados” y adiestrados, capaces de repetir conocimientos, pero incapaces de encontrarles un significado.

Niños capaces de inventariar juguetes, pero incapaces de desplegar las alas de su imaginación creativa y singular.

Aprender es desear, no solo comprender. Aprender es actuar, es proyectar desde uno mismo, no desde el deseo (mandato) del Otro.

 

 

 

 

Cantis sostiene que “ la discapacidad constituye una clínica de espectro muy amplio que requiere la participación de distintos profesionales los cuales provienen de diversas disciplinas y especialidades” 4

En este punto, afirma que, desde un marco teórico psicoanalítico, el sentido de una terapia analítica es “…pensar un proyecto clínico y desde la perspectiva psicoanalítica se piensa en las metas...que no son justamente re-educativas”. Y aclara  que "los universos simbólicos de estos pacientes no se han constituido o han claudicado o pueden quedar amenazados o desaparecen cada tanto” 5

Es así que, se hace necesario pensar en otras posibilidades que permitan ir en dirección de la mejoría del paciente.

Considerando que el núcleo de estas patologías lo constituyen diferentes grados de apatía y desvitalización

(según sea la discapacidad) y que se extienden a la familia, es fundamental llegar, desde la clínica, a la vida psíquica del discapacitado desde el ámbito de los afectos y desde el deseo interno.

Así, teniendo en cuenta estos objetivos, es necesario evaluar que tipo de vínculo se ha establecido, entre la familia y su hijo discapacitado.

Los padres frente al diagnóstico de discapacidad, se derrumban psíquicamente, expresando su dolor de diferentes formas, comenzando luego a recorrer instituciones hospitalarias y consultorios de diferentes especialistas, en busca de la confirmación del diagnóstico.

Este proceso es denominado por Jorge Cantis “Legalidad Psíquica”, haciendo referencia a un desenlace psíquico necesario, que llevaría a la comprensión de la situación.

La dinámica vincular que los padres establecen con el hijo discapacitado, presenta particularidades significativas.

 

Entre las características que presenta el vínculo madre-hijo, la deshumanización de éste y la consideración inconsciente de que este hijo constituye un objeto de su madre, permite entender la observación (surgida en la práctica clínica) de la ausencia de sentimientos y pensamientos en la psiquis de los discapacitados, ya que, según este planteamiento teórico, éstos han sido arrasados por las madres.

Sobre este aspecto, Mannoni sostiene lo siguiente: “La irrupción en la realidad de una imagen del cuerpo enfermo, va a causar en la madre un shock: en el instante en que, en el plano fantasmático, un vacío era llenado por un niño imaginario, surge el ser real que, por su enfermedad, no solo va a despertar los traumas y las insatisfacciones anteriores, sino que impedirá más adelante, en el plano simbólico, que la madre pueda resolver su propio problema de castración…

Se le da ese niño como objeto para cuidar…”6

 

Los discapacitados físicos, presentan también un grado de desvitalización psíquica que se implantaría a lo largo del proceso de consultas y estudios médicos de todo tipo, frente a los cuales, los padres tratarían de evitar que sus hijos lloren, y expresen sus sentimientos de miedo y angustia como sujeto que siente una intrusión agresiva en su cuerpo.

Respecto a la debilidad mental, sostiene Mannoni: “La debilidad mental, cualquiera sea el origen que se le atribuye, es considerada en general como un déficit de la capacidad del sujeto. Los tests son considerados como medida de la capacidad restante y no como indicaciones de un síntoma”.

De todas formas, es necesario tener en cuenta que cualquier clasificación del retardo mental, no debe impedir la consideración del malestar histórico con el que convive la familia y que puede aún agravar la discapacidad.

Maud Mannoni afirma “… en los tratamientos de los niños débiles mentales interesa comprender hasta qué punto los padres están esclavizados a la demanda del niño, en la medida en que éste materializa demasiado la falta.”

El hijo discapacitado (sobre todo débil mental) y su madre, forman en determinadas circunstancias un cuerpo en el cual se confunden los deseos y viven una única historia.

Este hijo, deberá llenar la “falta de ser” de la madre y existirá para ella y no para sí mismo. Esta madre tiene necesidad de este “soporte fantasmático” que demanda como forma de cubrir su deseo perdido.

 

En esta dimensión de afectos adormecidos, poblados de imágenes antiasmáticas, de muerte y sufrimiento, es donde operaría la dimensión analítica. Según el tipo de discapacidad y según el vínculo establecido, la terapia rescataría los aspectos individuales del hijo discapacitado.

Desde esta perspectiva, el psicoanálisis es un camino útil, ya que permite el trabajo con la subjetividad de la persona discapacitada y es posible abordar la limitación deseante. Los logros adquiridos subjetivamente, otorgan un sentido personal de inclusión social mucho más genuino que los obtenidos en el adiestramiento.

 

Un diagnóstico basado en una estructura psíquica, en una lesión neurológica, en un cociente intelectual, no puede predecir la vida social, ni la calidad de vida de quien la reviste. Lo importante es la dinámica vital, el deseo y la interacción establecida en los vínculos familiares. Si quienes rodean al niño discapacitado, son atentos y sensibles en la interpretación de sus deseos, será posible desarrollar sus posibilidades y sus limitaciones se inscribirán como una diferencia, no como un déficit.

 

Esta mirada esclarecedora del psicoanálisis, no niega, tal cual lo expresa Mannoni, el valor de la reeducación especializada en un momento de urgencia social, escolar o médica. Esta mirada tiende a la eliminación de los prejuicios y al desarrollo de la potencialidad del discapacitado desde el reconocimiento de su subjetividad despertando lo vital en él y su familia.

Si se piensa la integración de estos niños en ámbitos de educación común, como miembros plenos de la comunidad educativa constituida en el aula, donde se interpreten sus deseos y posibilidades, es necesario pensar en las diferencias y no en los déficits. En líneas generales, la integración maximiza las posibilidades de la mayoría de los alumnos.

En este aspecto, siguiendo el análisis de Mannoni, el medio normal permitiría una notable mejoría en los niños discapacitados, ya que la ausencia de deseos del adulto con relación al niño, permitiría la manifestación de sus deseos propios.

 

"Una de las razones más importantes que contribuyen al auge de las tendencias hacia la educación integradora para los alumnos con necesidades especiales es el beneficio social que aporta"7

 

 

 

 

.([1] Ministerio de Asuntos Sociales. INSERSO, Clasificación Internacional de eficiencias, Discapacidades y Minusvalías, Manual de clasificación de las consecuencias de la enfermedad, OMS, 1980, INSRSO, Madrid, 1994.)

 

 2 Cantis, Jorge, La interdisciplina en la clínica de la discapacidad, UNLZ, Fac.Ciencias Sociales, II Jornada sobre discapacidad e interdisciplina, junio 1999.)

 

  1. Tratamiento psicopedagógico, Paidós, Buenos Aires, 2000.)

 

4Cantis, J. Op.Cit.

5 Cantis, Jorge, Op.Cit.

 

6 Mannoni, Maud, El niño retardado y su madre, Paidós, Buenos Aires, 1997.)

 

7 Friend, Marilyn. Bursuck, William, Alumnos con dificultades. Troquel, Buenos Aires, 1999).

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

BORSANI, María José Y GALICCHIO, María Cristina:  “Integración ó Exclusión” Buenos Aires, Novedades Educativas, 2000.

 

CANTIS, Jorge: “El Discapacitado y su Familia: Aportes Teórico-Clínicos” Actualidad Psicológica N|199-Bs.As.

 

CIRCULARES TECNICAS Nº 9 Y otras. Dirección General de Cultura y Educación. Dirección de Educación de Gestión Privada. Noviembre de 1997.

 

Comité Asesor para el Año Internacional de los Discapacitados (Argentina, 1981), Educación y Discapacidad, Dirección Nacional de Rehabilitación, 1981.

 

DOCUMENTO para la concertación Nº 19. Ministerio de Cultura y Educación

 

FRIGERIO, Graciela Y POGGI, Margarita: “Construyendo un saber sobre el interior de la escuela”. Buenos Aires, Novedades Educativas, 1999

 

GERMANI, GINO: “El concepto de marginalidad, Ficha N 29, Buenos Aires, Nueva Visión.

 

Ley Federal de Educación. Nivel Especial. Objetivos

 

MANNONI, MAUD: “El niño retardado y su madre”. Buenos Aires, Paidós, 1997.

 

MENENDEZ, EDUARDO:  Modelo Médico Hegemónico. Primeras Jornadas de atención primaria de la salud, abril 1987.

 

OMS: “Salud Mundial”, varios números 1980

 

PANTANO, LILIANA: “La discapacidad como problema social”. Buenos Aires, Eudeba, 1993.

 

Revista Minoridad y Familia, año 1 Nº 3

 

Revista Pedagogía. Seminario. Buenos Aires. Volumen Nº 2


Sobre esta noticia

Autor:
Mirta De Andreis (3 noticias)
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Tipo:
Nota de prensa
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