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Los gobiernos de los pactos: legítimos, pero no representativos

15/06/2019 23:54 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los acuerdos de gobernabilidad entre perdedores son legítimos, aunque tal vez poco aseados. Acabado el bipartidismo, llega la era de los pactos

Indignación es lo que muchos españoles hemos vivido hoy con la constitución de los ayuntamientos. ¿Dónde están aquellas voces ahora que clamaban al cielo con lo que denominaban pactos de perdedores? Quizás deberíamos fijarnos en el sistema francés como modelo de referencia para una posible reforma de la ley electoral. Su principal diferencia con respecto al nuestro es el escrutinio a dos vueltas. Tras una primera votación, los dos candidatos más votados pasan a la segunda ronda, y es entonces cuando los ciudadanos pueden volver a votar eligiendo directamente a uno de los dos.

El objetivo de un sistema a dos vueltas es muy sencillo, evitar situaciones bochornosas como las que se están viviendo en muchos ayuntamientos de España donde quien gobierna no es el candidato más votado, es decir, no es la mayoría quien decide, sino unos señores perdedores dentro de un despacho, donde se reparten los sillones y los sueldos.

Por eso, si se supone que tenemos democracia y que esta no es otra cosa que la voluntad del pueblo, ¿a qué se está jugando hoy en nuestro país? Un sistema a dos vueltas nos ofrecería un reparto más justo, porque una vez los dos candidatos más votados han pasado a la segunda ronda, somos los votantes quienes tenemos la oportunidad de elegir a cuál de los dos preferimos.

Un sistema electoral similar al francés supone circunscripciones uninominales y dos vueltas, siempre que en la primera un candidato no haya logrado la mayoría absoluta de los votos o un porcentaje muy relevante sobre los demás. En realidad un sistema electoral no es ni bueno ni malo, a no ser que alimente perversiones políticas. Y hoy en España se están facilitando vicios y una adulteración flagrante de los resultados electorales.

Al establecerse un sistema uninominal a dos vueltas suele disgregarse bastante el voto, lo que favorece que haya más formaciones políticas, pero también que otras existentes se puedan segmentar pues el coste de un escaño es normal que se rebaje. Y esto porque en la primera vuelta desaparecería casi todo el voto útil, pero en la segunda muchísimos votantes ejercerían ese voto útil. Esto es posible porque la mayoría han podido votar como opciones preferidas otras que no han pasado la primera vuelta, así, en la segunda vuelta tendrán a elegir entre la menos mala o la menos alejada de su posicionamiento.

¿Consecuencias de esta opción? Claro que las habría, por ejemplo, en determinadas regiones de España apenas haría falta hacer campaña electoral, porque la mayoría social, bien de derecha o bien de izquierda, siempre estaría en disposición de dejar sin representación a la minoría social, de modo que no existiera ningún representante parlamentario de otra posición política para esa zona del país.

No existe el sistema electoral perfecto, pues todos tienen sesgos

En resumen, no existe el sistema electoral perfecto, pues todos tienen sesgos, y cambiarla sería sustituir unos sesgos por otros, que ojo, esto ni es mejor ni peor.

Podemos cambiar la fórmula, modificar el tamaño de la circunscripción o implantar una circunscripción única, como la francesa arriba explicada. La más sencilla, lógicamente, es cambiar la fórmula, ya que sólo implica cambiar la LOREG, las otras dos conllevan una reforma de la Constitución.

Unidas Podemos ya propuso cambiar la fórmula por la que se convierten los votos en diputados. En España usamos el sistema d`Hondt, y se trataría de implementar el sistema Sainte-Laguë.

En realidad operar con la fórmula Sainte-Laguë no implicaría un cambio sustancial para el sistema electoral. Sí es verdad que podría suponer, no obstante, un aumento marginal de la proporcionalidad, pero estaría sujeto a las intenciones de voto, si estas varían este sistema dejaría de funcionar. Eso sí, en situaciones con fuerzas políticas igualadas, como ahora, sí puede generar un cambio significativo.

En cuanto al tamaño de las circunscripciones, cambiarlas pasaría por quitar diputados a las pequeñas y aumentar escaños en las grandes. Esto supondría que los resultados proporcionales sólo se darían a medida que aumenta el tamaño de la circunscripción.

Por otra parte, una circunscripción única, de la que ya he hablado, es la más empleada en las elecciones europeas. Existe una alternativa, quizás más eficiente, que es la del modelo mexicano, esta es de doble elección, el ciudadano tiene dos papeletas, una para su circunscripción y otra a nivel estatal. El sesgo mayoritario se corregiría levemente, pero los grandes partidos también tienen apoyo a nivel nacional y seguiría habiendo sesgos.

¿Qué nos queda entonces? Ante los resultados electorales, y al margen del sistema electoral aceptado, la coherencia política podría resumir el acuerdo más digno, representativo y democrático que adoptar entre los representantes de la ciudadanía en cuestión de legitimidad y resultados y por supuesto para la identidad de los gobiernos a crearse.


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Aicrag (251 noticias)
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