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Howard Carter una personalidad fascinante

11/07/2012 07:36

0 Howard Carter, la inquietante personalidad de un hombre al que muchos definieron como solitario, arisco, pomposo, ambicioso, testarudo e insensible

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Cómo era el verdadero Howard Carter

En este artículo intentaremos descubrir la fuerte personalidad de un hombre hecho a sí mismo, a través del estudio grafológico que nuestra experta SandraMª Cerro hace del diario de Carter sobre el hallazgo de la tumba de Tutankamon en 1922.

… “T An pronto mis ojos se acostumbraron a la luz tenue del interior de la cámara, poco a poco fue apareciendo ante mí una extraña y maravillosa mezcla de objetos bellísimos y extraordinarios amontonados unos sobre otros….Lord Carnarvon me preguntó “¿Puede usted ver algo?”. Y le respondí, “Sí, esto es maravilloso”. Y con precaución hice el agujero lo suficientemente grande para que pudiéramos asomarnos los dos.”

Sandra Mª Cerro, grafóloga

Estudio grafológico

Una fecha para la Historia: 26 de noviembre de 1922.

Tras años de desasosegado esfuerzo y empeño, se abría al mundo la puerta de uno de los descubrimientos más dorados de la Historia de la arqueología. Detrás de la puerta, el misterio más profundo y oculto de un faraón de cuya historia bien poco se conoce. Detrás de las letras de Howard Carter , la inquietante personalidad de un hombre al que muchos definieron como solitario, arisco, pomposo, ambicioso, testarudo e insensible , pero ¿cómo era en realidad?

Para este estudio me ceñiré exclusivamente al diario manuscrito de la excavación de Carter que se haya exhaustivamente digitalizado en el Griffith Institute de la Universidad de Oxford.

Tal vez la mano de la grafología pueda tendernos un candil luminoso que nos ayude a ver a través de la tenue luz, y nos descubra quizás “cosas maravillosas” de una personalidad reservada y oscura.

Fragmento de la entrada del 26 de noviembre de 1922 en el Diario de Howard Carter. Ver en la página del Griffith Institute: www.griffith.ox.ac.uk/gri/tut-files/Carter_261122.html

Anotaciones de Howard Carter sobre un brazalete localizado en la tumba de Tutankhamón. Ver en: www.griffith.ox.ac.uk/gri/carter/585i-c585im.html

Su letra menuda nos revela una extraordinaria capacidad de análisis. Su biógrafo, Thomas Hoving1, dice de Carter que estaba “obsesionado con el método” y un estudio grafológico no podría contradecir esta afirmación pero sí quizás matizarla con una interpretación positiva: obsesión como constancia, como perseverancia por llegar hasta el fondo de lo que para él era una fascinación, un hito, un logro, y tal vez esta fascinación le mantenía tan imbuido en sus tareas que pudiese llegar a parecer a otros una obsesión enfermiza.

Su afán de claridad es incuestionable, así como la atención al detalle

En la muestra sobre estas líneas, ese “método” se refleja también en el orden y la organización que caracteriza a la distribución del escrito en la hoja. Su afán de claridad es incuestionable, así como la atención al detalle a lo largo de todo el texto, unido a esa precisión matemática e incisiva que se revela principalmente en la forma de colocar, como suele decirse y esta vez es literal, los puntos sobre las íes. Curiosa también, en cuanto a organización de los espacios, la esmerada nota inferior izquierda, como muestra una vez más de esa precisión del metódico caballero que, como suele decirse también, no osaba “dejar puntada sin hilo” en todo aquello que llevara entre manos.

Como buen hombre de ciencia, el análisis y la capacidad de lógica aplastante son cualidades inherentes a Howard Carter. La forma de tirar el lazo desde las hampas más altas hasta las letras siguientes es fascinante y denota no sólo la mencionada inteligencia superior y lógica, sino también cierta habilidad para asociar multitud de ideas y para anticipar acontecimientos, para adelantar su mente a los hechos antes de que sucedan.

Era, sin duda, un observador perspicaz, un hombre serio con su trabajo y audaz en sus actuaciones.Además de metódico, Carter era artista, amaba la estética y la cuidaba con esmero. Su creatividad unida a su febril idealismo, a pesar de ser un hombre práctico y con los pies sobre la tierra, constituían una gran combinación para una personalidad un tanto ambigua e impredecible, que le dotaba de cierto atractivo.

Fragmento de las anotaciones en el diario del día 28 de octubre de 1922.

La meta de Howard Carter, esa que había perseguido durante años, estaba clara para él, y el hecho de lograrla le provocaba un orgullo que embargaba a toda su personalidad haciéndole parecer altanero y pretencioso para los que le rodeaban. Ese orgullo personal, unido a su perfeccionismo y su obsesión por el trabajo bien hecho, podía llevarle a presentar actitudes intransigentes e incluso autoritarias, cuando alguien osaba a contradecirlo.

Ahí se mostraba el Carter vivo y despierto, en contraposición al Carter misterioso e introvertido, oscuro y aislado. Dos caras de la misma moneda para una personalidad fascinante.

Si Carter hubiera sido de otra forma, tal vez el faraón niño sería ahora una más de las grandes huellas borradas de la Historia.

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