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La pobreza léxica

26/08/2019 20:13 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La Real Academia Española y las Academias que con ella integran la Asociación de Academias de la Lengua Española tienen la misión de velar por el idioma y fijar los criterios de corrección que se aplican a todo el ámbito hispano

La lengua no es sino un comportamiento social y, como tal, es evaluado por los miembros de cada comunidad. Por lo que la actitud que la comunidad adopte en relación con cada uso lingüístico es decisiva. Los usos que obtienen una actitud favorable son considerados «usos correctos», dan prestigio al hablante y van configurando el modelo ideal de lengua. Por el contrario, los que tienen una actitud desfavorable constituyen los «usos incorrectos» y son usos que acaban siendo rechazados por ser vulgares.

El prestigio de las personas se traslada a sus usos lingüísticos, así el modo de hablar de los grupos sociales mejor valorados suele ser considerado mejor. Pero las actitudes hacia los usos lingüísticos no tienen por qué ser siempre idénticas. De ahí que la norma es variable y lo que hoy se considera correcto en otras épocas pudo tener la consideración contraria y, al contrario, lo que ayer era considerado correcto hoy quizás no se admite.

A veces hacemos uso de tópicos, que sin duda son una expresión vulgar, una frase muy repetida y usada. Su utilización demuestra falta de imaginación en quien los usa, ya que se limita a repetir lo que otros han dicho, utilizando ideas ajenas en lugar de propias. Algunos ejemplos de tópicos son: «somos lo que comemos», «todos somos iguales», «todas las opiniones son respetables», «no somos nada», «rectificar es de sabios», «la vida hay que disfrutarla». Pero también podríamos considerar tópicos a cierto tipo de asociaciones lingüísticas con valor formulario: espectáculo dantesco, fiel reflejo, marco incomparable, defensa numantina, claro exponente, cese fulminante, palpitante actualidad...

Por otro lado, tal vez en demasiadas ocasiones recurrimos a palabras comodín, que tienen un significado muy general y se pueden utilizar en muchos contextos diferentes. Estas pueden tomar valores semánticos muy distintos según los casos. Algunos estudiosos del lenguaje las llaman palabras baúl, por la amplitud de su significado. Como ejemplos cito las siguientes para hacerse una idea: asunto, problema, cosa, tema; bueno, grande, positivo, impresionante; poner, hacer, tener, realizar. Analicemos ahora una de estas palabras y veamos su efecto:

  • El verbo poner, “ya me han puesto la fibra de vidrio en casa.” Lo correcto sería decir, “ya me han instalado la fibra de vidrio en casa.” “Debes poner tu firma al final del escrito. En lugar de, “debes estampar tu firma al final del escrito.”

Quienes escribimos somos conscientes de que la norma actual cambiará en el futuro, pero lo importante es que el hablante de hoy sepa cuál es la norma culta del español de hoy

Lógicamente para evitar las palabras comodín antes hay que saber detectarlas, revisando y leyendo lo escrito. Y una vez localizadas sustituirlas. Hoy día los procesadores de texto disponen de útiles herramientas para ello.

Luego tenemos las muletillas, frases que se repiten mucho por hábito y de forma innecesaria para apoyarnos en ellas a la hora de elaborar un discurso. Son más frecuentes en la lengua oral, usándose para llamar la atención y mantener el interés del interlocutor (¡mira!), para regular el turno de palabra (¡escucha!), para enfatizar (¿comprendes?), para invitar a la reflexión (¡fíjate!), para mostrar desacuerdo (¿qué quieres que te diga?) o simplemente para terminar una frase (¿vale?). Tanto en la lengua escrita como en los registros formales de la lengua oral deben evitarse, pues denotan pobreza léxica. Es recomendable hablar pausadamente, pues las pausas nos permiten pensar y elaborar nuestro discurso, eludiendo este tipo de expresiones de relleno, automáticas e inconscientes.

La repetición de palabras es otro de los principales mecanismos de cohesión del texto. En determinado tipo de textos que requieren mucha precisión, la repetición puede ser un requisito, como textos de carácter técnico, jurídicos o administrativos, hasta en textos literarios puede usarse la repetición como recurso estilístico. Debemos partir de que la repetición es inevitable y a veces necesaria, pero hay que tratar de que no sea excesiva para que resulte pesada. Sustituir la palabra repetida por un sinónimo siempre que sea posible es una opción, no obstante, tecnicismos de los textos especializados, suelen carecer de sinónimos. Emplear pronombres es otra posibilidad. O suprimir la palabra mediante la elipsis.

En resumen, la importancia de un error dependerá del efecto que provoque en el destinatario y, sobre todo, de la medida en que el error dificulte que el texto alcance sus propósitos comunicativos. Hay determinados elementos considerados incorrectos, que pueden resultar adecuados en algunas ocasiones. Pensemos en el caso de un escritor que pretende dar verosimilitud al habla de ciertos personajes vulgares. Lo más adecuado sería recurrir a las expresiones que realmente usa ese tipo de personas, lo que le llevaría a tener que utilizar muchos términos considerados vulgarismos por las gramáticas y por los manuales.


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