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LSD, la droga extraña

20/07/2012 22:38

0 Muchos especuladores y vendedores aseguran a los que los que la tomen que serán transportados a un estado nuevo de colores y luces brillantes

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En 1961 la dietilamina del ácido lisérgico aun era una curiosidad de laboratorio muy poco conocida, pero ahora, el LSD tiene un enorme número de consumidores en muchos ámbitos de la vida cotidiana.

Muchos especuladores y vendedores aseguran a los que los que la tomen que serán transportados a un estado nuevo de colores y luces brillantes, visiones fantásticas, pasados recuerdos se harán presente y se tendrá un sentido más perfecto de nuestra humana naturaleza. Sostienen, además, que esta droga no produce dependencia como otras drogas y que no se conoce noticia de que alguna persona haya muerto, por consecuencia directa, después de haber consumido esta droga en exceso. Pero no es verdad todo esto.

Quien supo de los asombrosos efectos del LSD , porque fue quien la probó por vez primera, fue el doctor Albert Hoffman , un químico del laboratorio Sandoz, en Basilea, Suiza. Tenía la esperanza de encontrar una droga estimulante para el sistema nervioso central, y sintetizaba nuevos componentes obtenidos del ácido lisérgico , sustancia derivada de un hongo negro que aparece en las espigas de algunos cereales. Casualmente se introdujo en su organismo una pequeñísima porción de uno de los resultados obtenidos, el LSD .

Cuando se produce uno de los trances del LSD, tienden a desaparecer las inhibiciones de las personas

Desconcertado por el torbellino de colores y formas que confundía su cerebro se acostó.

Siguió investigando, y poco después tomó, en forma deliberada, otra porción minúscula para identificar la causa de su sensación extraordinaria. Al empezar los efectos nuevos, sintió que perdía la razón, porque miraba su cadáver acostado en el sillón, mientras su otro yo deambulaba por la habitación llorando.

Cuando se produce uno de los trances del LSD , tienden a desaparecer las inhibiciones de las personas. Pero, al mismo tiempo, desaparecen los intereses por los impulsos humanos comunes, y esta descompensación de los procesos mentales no empuja necesariamente a descubrir aventuras de orientación sexual. Lo que puede suceder, muy probablemente, es que quien consume la droga se quede horas contemplando la fantástica belleza de una mancha en la pared o descubra la fascinante geometría de las uñas. También pudiera parecerle que su cuerpo se ve dividido en dos o muchas más partes, y le sea imposible saber dónde se encuentra realmente, o no pueda distinguir dónde finalizan sus miembros y en qué lugar empiezan los objetos inanimados.

Provoca esta droga generalmente, al consumidor, un tremendo deseo de salir volando por las ventanas, tal vez porque la persona tiene la sensación de sentirse un copito de nieve o un pajarillo.

Quienes se aficionan al LSD argumentan que la droga, compuesto sin sabor, sin olor, y muy difícil de ver, absorbido en pequeñas dosis, se esfuma del cuerpo sin causar daños, y antes de que sus efectos dejen de ser percibidos. Pero verdaderamente, una de las propiedades más alarmantes de esta droga es que en ciertas ocasiones los consumidores tienen nuevas e involuntarias alucinaciones, durante semanas y hasta meses después de haberla consumido. Y lo más delicado es que probablemente se ignore hasta qué extremo el LSD puede llevar a una persona.

Quien supo de los asombrosos efectos del LSD, porque fue quien la probó por vez primera, fue el doctor Albert Hoffman

Tal vez un día los científicos encuentren un nuevo y excitante químico que no produzca daño, capaz de influir en el estado de ánimo y en la producción de ideas novedosas, o darle un motivo al cerebro para que solucione problemas complejos y le entregue una visión magnífica de nuestra propia mente. Pero hasta que no se resuelvan científicamente los muchos misterios inquietantes acerca del LSD , ésta continuará siendo algo tan seguro como puede ser, en las manos de un inepto, un instrumental quirúrgico para realizarse una intervención, él mismo, de su propio cerebro.

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