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Sobre Misses, Presentadoras... Y Lesbianismo En La Sombra. Carta Abierta A Sandra Barneda.

28/08/2014 20:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Si me lo permitís, quisiera empezar este artículo contándoos un cuentecito. Es la historia de Javier y Equis, dos chicos que se amaban, pero que sin embargo eran diametralmente opuestos en un aspecto fundamental que les atañía a ambos. Y es que Javi no tenía miedo de que los demás supieran que le gustaban los chicos, así que, aunque le había resultado muy difícil y doloroso aceptarse y que los otros lo aceptaran, al final logró que su entorno (familia, amigos, compañeros de trabajo...) lo quisiera siendo él mismo, siendo todo lo que él consideraba fundamental en la persona que era: hombre, treintañero, un poco friki... y homosexual. El caso de Equis, en cambio, era bien distinto: él sí tenía miedo de que los demás supieran que le gustaban los chicos y, por tanto, hacía todo lo posible por ocultarlo (no lo sabía su familia, no lo sabía casi ninguno de sus amigos y, por descontado, no lo sabían sus compañeros de trabajo). Os podéis imaginar las fricciones que esto generaba en la relación, pues bien sabido es que cuando uno de los componentes de la pareja está en el armario, no solo lo está él: acaban estándolo ambos. Fuera como fuese, Equis esgrimía un argumento que él consideraba muy poderoso y lógico para preservar su derecho a la privacidad: No tengo por qué dejar claro que soy gay, pues a nadie le importa lo que hago en la cama. Javier se entristecía profundamente cuando oía aquellas palabras que, de una manera tan fulminante y, a su juicio, injusta, lo dejaban en las sombras (que los dejaban en las sombras a ambos, de hecho, como pareja). A fin de cuentas, Equis no tenía el menor reparo en compartir con sus compañeros de trabajo la alegría porque su hermana se iba a casar, o con su familia la ilusión de irse de viaje con tal o cual amiga... o con sus amigos cualquier divertida anécdota familiar. Y sin embargo, consideraba que Javier formaba parte de una parcela particularmente privada de su vida, algo que no había por qué hacer público, algo que prefería silenciar por discreción. Naturalmente, Javier no entendía por qué ocurría eso. No entendía cómo alguien tan extrovertido y jovial como Equis, alguien sin el menor tapujo para hablar sobre otras parcelas privadas de su vida, «elegía», en cambio, no hablar de esta. No entendía por qué Equis lo veía tan distinto a sus amigos o familiares, de quienes hablaba con absoluta soltura y naturalidad. De modo que, cuando Equis le decía que a nadie le interesaba con quién se acostaba, Javier respondía apesadumbrado: Pero... tú y yo hacemos algo más que irnos a la cama juntos... ¿no? Pues bien, os diré que todo esto ocurrió hace como una década y que, como quizá algunos ya habréis sospechado, yo mismo era el Javier de esa historia. ¿Y por qué empiezo contándoos esto? Pues porque estos días ha ocurrido algo en nuestra televisión que me ha retrotraído a esa época de mi vida, y me ha hecho entender, con cierta tristeza, que ciertos viejos prejuicios y ciertas viejas excusas para perpetuar los armarios, que yo pensaba definitivamente muertas y enterradas, no solo siguen ahí vivitas y coleando... sino que son aplaudidas.

image Recientemente, la actual Miss España Universo, Patricia Yurena, salió del armario como lesbiana al colgar en Instagram una romántica fotografía retozando en la cama con una mujer de aspecto bastante butch (fotografía que tituló Romeo y Julieta ). Hasta aquí, todo estupendo. Pues bien, algunos días después, en el programa televisivo Hable con ellas , la presentadora Sandra Barneda (sobre cuya condición sexual siempre ha habido conjeturas, si bien jamás ha habido confirmaciones oficiales de ningún tipo) también salió (presuntamente) del armario como (presunta) lesbiana. Y perdonad que lo llene todo de presunciones, pero prefiero no pillarme los dedos, ya que su discurso no pudo ser más ambiguo, como podéis leer y escuchar en este enlace. Desconozco si Sandra se olía la que se iba a liar con este tema, pero desde luego se ha liado. Y es que, por un lado, están los que han aplaudido a rabiar lo que consideran un discurso sentido y valiente a favor de la libertad. Y por otro, estamos los que nos hemos sentido decepcionados y entristecidos por lo que consideramos poco menos que una apología del armario. Pero a mí me gustaría conocer la opinión de otras personas de las que se ha hablado poco o nada en todos los debates (encendidos, creedme) que ha generado este asunto. Para empezar, me gustaría conocer la opinión de Patricia Yurena, la Miss España que, a fin de cuentas, ha inspirado este discurso a cargo de Sandra Barneda. Un discurso que aplaude mucho lo que ha hecho Patricia Yurena, lo aplaudo porque ha tenido la necesidad de hablar de su orientación sexual para sentirse mejor ... y, acto seguido, salta al polo opuesto para declarar que estamos hablando del amor, porque la condición sexual es privada, señores y señoras, y solo atañe a dos personas . Quiero pensar que la señora Barneda, que supuestamente andaba haciendo apología de la libertad, no estaba insinuando que le parece una indiscreción gratuita que Patricia Yurena haya hecho público con aquella foto de Instagram algo que, a juicio de Sandra, debería ser privado. Quiero pensar que el inconsciente no le jugó una mala pasada, en serio (pese a que sus palabras me lleven a pensar que, en este asunto, ella está de un lado muy concreto de la libertad). Por otro lado, también me gustaría conocer la opinión de la otra gran olvidada en este asunto, la tercera en discordia: la (presunta, subrayo) novia o esposa de Sandra Barneda. Y es que, francamente, si yo llego a ser la novia de la señora Barneda y oigo de su boca: Y también me siento muy orgullosa de quien está a mi lado, sea un hombre o una mujer , os aseguro que me habría dolido en el fondo del alma. Del mismo modo que, cuando mi ex seguía manteniéndome al margen de su vida con un a nadie le importa lo que hago en la cama , yo sentía que se me clavaba un puñal en el corazón. Claro que, ya digo, en este caso habría que conocer la opinión de la pareja de Sandra, y a lo mejor ella misma es la primera interesada en que no se sepa nada de la relación entre ambas (en cuyo caso, por cierto, flaco favor le estaba haciendo su famosa novia o esposa con aquel discurso lacrimógeno de sí pero no, ni chicha ni limoná, que seguramente no hace sino despertar aún más interés, si cabe, en la vida de la pareja). image Sea como sea, y dejando de lado conjeturas sobre cómo les habrá sentado o dejado de sentar a Patricia Yurena y la pareja-que-no-se-sabe-si-es-hombre-o-mujer las palabras de Sandra, quisiera hablar un poco sobre cómo me ha sentado a mí a título personal. Y, como ya anticipé, me ha caído como un #icebucketchallenge de mucho cuidado. Así que, si no os importa, voy a cerrar el artículo con una carta abierta a Sandra Barneda, que me parece lo propio... «Querida Sandra:

Ante todo, quiero que sepas que estoy muy de acuerdo contigo en que no se puede obligar a nadie a que salga del armario. En efecto, salir o no salir debería ser una opción totalmente personal de cada uno, y como tal se debería respetar (aunque, entre tú y yo, también creo que «no salir del armario» es una opción menos personal y libre de lo que parece, pero de eso hablaremos luego). Es más, me parece que obligar a alguien a hacer lo que sea está mal, sin medias tintas (ojo: de igual modo, amiga, que tampoco puedes obligar a nadie a que se quede en el armario porque es que «eso» pertenece al ámbito de la vida privada y a nadie le interesa). Pero también te digo otra cosa: como gay conocedor de la tortuosa historia del colectivo LGTBI, lo siento, no puedo evitar aplaudir a quienes sí salen/salimos del armario, porque actos así nos ayudan a todos a alcanzar esa normalidad que los heterosexuales no tienen que conquistar ni luchar por mantener, porque la llevan de serie , tú ya me entiendes.

Como he comentado en otras discusiones al respecto, naturalmente que ningún heterosexual va gritando a los cuatro vientos: "¡SOY HETEROSEXUAAAAAL!". Eso es cierto, sería de todo punto ridículo y gratuito que lo hicieran. Pero también es cierto que ningún heterosexual va diciendo algo tan rocambolesco como estoy muy orgulloso de mi pareja, sea hombre o mujer . Ellos no les dan tantas vueltas a las cosas: ellos simplemente dicen estoy muy orgulloso de mi mujer o, en su defecto, estoy muy orgullosa de mi marido (que para eso están orgullosos de ellos, ¿no?; como para andarse con ambigüedades absurdas...). Del mismo modo, si yo estoy muy orgulloso de mi novio Alfonso, y créeme que lo estoy, no voy a decir algo tan barroco y enrevesado como estoy muy orgulloso de mi pareja, sea hombre o mujer... Y se llame Alfonso o Mari Carmen. Me entiendes, ¿no? Ahora bien, otra cosa será que a tu novia o esposa (presunta novia o esposa) no le haga ninguna gracia que hagas pública vuestra relación en un programa de la tele, en cuyo caso debo pediros disculpas a ambas, y me doy un punto en la boca. Eso sí, amiga Sandra, si al final resulta que por ahí iban los tiros, quiero que sepas que me parece muy feo que dieras tal discursito el otro día. Sobraba. Y, seguramente, tu novia o esposa (presunta novia o esposa) estará de acuerdo conmigo.

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También dices que la condición sexual es privada, señores y señoras, y solo atañe a dos personas . Quiero pensar que no eres ni medio consciente del daño que haces con esas palabras, de hasta qué punto haces retroceder esa sociedad avanzada que tanto pareces defender. Y te lo voy a explicar para que lo entiendas. C uando un hombre heterosexual dice en el trabajo, junto a la máquina de café: Uy, MI MUJER tiene una blusa igual que esa , o una mujer heterosexual dice: Anoche fui al cine a ver una peli espantosa que eligió MI NOVIO , no se considera que con ello estén restregándonos en toda la cara su condición sexual (heterosexual, en este caso). Claro que no, ¿verdad? Tú lo sabes, y yo lo sé. Simplemente están hablando de su vida, así en general, inocentemente, no de si les gusta el cunnilingus o practicar fisting . Entonces, ¿por qué cuando un gay hace lo propio y habla de algo totalmente cotidiano que ha hecho o dejado de hacer con su pareja, se sobreentiende que está haciendo ostentación de su sexualidad (que, según tú, pertenece al ámbito privado de la pareja y, por tanto, no le interesa a nadie)? Es que no me entra en la cabeza, Sandra, de verdad. Normalidad, por si no te habías enterado, es hacer lo que todos hacen y decir lo que todos dicen, o al menos sentir la libertad de que puedes hacerlo o decirlo, sin medias tintas, con las mismas (nulas) consecuencias que cualquier otra persona. Normalidad es no tener que decir estoy muy orgullosa de mi pareja, sea hombre o mujer (porque ningún hombre heterosexual se plantearía siquiera decir una cosa tan absurda, que para eso bien orgulloso que está de su mujer).

Mira, Sandra, yo sé que sin duda alguna lo has pasado muy mal con lo tuyo, pero te aseguro que lo mío tampoco ha sido un camino de rosas, ¿y sabes a qué me ha recordado el mensaje subyacente de tu discursito? No a la libertad que tú crees representar, sino a todo lo contrario. Me ha recordado al discursito de mi ex, Equis, que creía (o prefería creer, no lo sé) haber escogido un modo de vida en el armario, cuando en realidad ese modo de vida te lo escogen otros siempre. Te lo «escoge» gente de fuera, haciéndote creer que mejor no hablar del tema, que mejor tener la boca cerrada, que mejor mantener tu homosexualidad en la esfera privada. Te lo escoge gente que eleva y vuelve respetable el armario. Gente que, ay, como tú, perpetúa el espejismo de que armarizarse es una decisión personal e intransferible... cuando es todo lo opuesto, amiga: una decisión colectiva y, peor aún, transferible de generación en generación.

Por eso me duele tanto tu discurso. Porque, al igual que el argumento que esgrimía mi ex, Equis, encierra un punto importante de homofobia interiorizada, pues deja entrever que la homosexualidad es exclusivamente eso: sexualidad. Sexo guarro de puertas adentro. Algo sórdido y sucio. Y sin embargo, todos sabemos que la heterosexualidad no solo es sexo, sino también una forma de vivir, de relacionarse, de interactuar, de ser uno mismo... y, como tal, obviamente no tiene por qué (NO DEBE) ser privada.

Francamente, yo no pedía que salieras del armario, ni siquiera que dieras ningún discurso (ni mucho menos que nos contaras lo que haces en la cama, ni cuántas veces a la semana), pero, ya que te pusiste en harina, habría agradecido que lo hicieras como es debido. Y que, cuando hablaras de tu pareja, no lo hicieras enorgulleciéndote con medias tintas, sino con todo el orgullo que debería inspirarte. Con la boca llena. Como ese oficinista que habla de la blusa de su esposa o esa ejecutiva que habla de la peli espantosa que escogió su novio. Con normalidad, sí, pero de la de verdad.

Un saludo cordial

Javier Quevedo Puchal».


Sobre esta noticia

Autor:
Lainvasiondelasultracerdas (54 noticias)
Fuente:
lainvasiondelasultracerdas.blogspot.com
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Tipo:
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