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Obama adopta la máscara de Bush: legaliza la licencia para matar. Wikileaks denuncia a la CIA en las sombras

15/06/2012 15:44

0 Los que apostaban por un Obama respetuoso de los derechos humanos y de las libertades públicas en las últimas selecciones norteamericanas están de vuelta. Obama es igual o peor que el expresidente Bush

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Ahora se puede matar en cualquier momento, en cualquier lugar y por cualquier medio a personas relacionadas con el terrorismo, aunque tengan nacionalidad norteamericana. Eso lo hizo el presidente Bush desde los atentados del 11-S, por supuesto, pero sus víctimas solían ser árabes, afganos, pakistaníes o somalíes o de piel oscura, y lo ha seguido Barack Obama. Los errores de policías o agentes norteamericanos y británicos fueron tan numerosos como impunes. Con Obama se ha consagrado el asesinato legal. Así que el tema no ha despertado eco en Estados Unidos, aunque sí entre los que defienden los derechos humanos.

Sin embargo, en septiembre 2011 la ejecución extrajudicial (targeted killing), de Anwar al-Awlaki despertó dudas y varias organizaciones norteamericanas de derechos humanos que querían saber cuáles eran los fundamentos jurídicos de esa acción. El que al-Awlaki llevara barba y turbante, y fuera un sutil predicador en Internet del yihadismo de Al Qaeda desde Yemen, no era tan importante como el que fuera ciudadano estadounidense. ¿Puede liquidarse “legalmente” también a un norteamericano?. La Constitución, exige que haya mediado una acusación, una detención, un juicio y una condena apelable para aplicar la máxima pena. Pero eso era más bien una teoría sobre todo después del 11-S.

Eric Holder, fiscal general de Estados Unidos, cargo equivalente al del Ministro de Justicia, despejó las dudas recientemente. En un muy publicitado discurso en la Universidad Northwestern (Chicago), Holder justificó retrospectivamente el asesinato de al-Awlaki: las autoridades de Estados Unidos se reservan el derecho a eliminar físicamente a cualquiera, por muy compatriota que sea, que suponga un riesgo grave para la seguridad nacional y no pueda ser detenido y presentado ante un juez. En ese caso el Estado tiene licencia para matarlo como OO7 en las películas de ficción. Quedaba así fijada la doctrina Obama en esta materia, que hereda sin matices la de Bush: el “terrorismo” declaró la guerra a Estados Unidos el 11-S y Estados Unidos responde con la guerra.

Emplazamiento de HRW (Organización Mundial de los Derechos Humanos) a Obama

Las organizaciones de derechos humanos a nivel internacional también están involucrándose en esta controvertida batalla judicial. Human Rights Watch (HRW) invitó al presidente Barack Obama “a clarificar inmediatamente (por parte del gobierno) las razones legales para muertes parecidas”.

En una carta al presidente Obama, Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW, dijo que el gobierno “debe contestar a las cuestiones fundamentales de cómo su administración determina si una persona puede ser ejecutada”. Añadió: “Tales operaciones pueden ser legales o no, pero la ausencia de límites claros viola inevitablemente el derecho internacional y fijará un peligroso precedente para los regímenes terroristas del mundo entero”.

La administración Obama amplió dramáticamente el uso de listas de muerte fuera de los campos de batalla tradicionales que siguieron a los ataques del 11 de septiembre de 2001. Muchas de estas matanzas son conducidas por la CIA que no dirige pero controla el uso de los sistemas de aviones sin tripulación de combate, o abejones (drones), a los que Diaspora dará más espacio en días sucesivos.

El gobierno de EEUU afirma que, bajo el derecho internacional, tiene autoridad para utilizar fuerza letal fuera de las zonas de guerra bien definidas, porque enfrenta un conflicto armado global con Al-Qaeda y fuerzas asociadas. La carta de Roth a Obama dijo que “la demanda del gobierno de EEUU de que el mundo entero es un campo de batalla en el cual son aplicables las leyes de la guerra, mina las protecciones del derecho internacional. Esta noción desacreditada invita al uso de una guerra total y a muerte a otros países en situaciones en que EEUU se opondría a su uso”.

Human Rights (RW) incitó a Obama a “proporcionar mayor claridad en cómo el gobierno de EEUU determina cuando una matanza más bien programada en una situación de conflicto armado resuelve los requisitos de la distinción y proporcionalidad bajo las leyes de la guerra y las medidas que está tomando para minimizar daño civil”.

Decididamente: Obama no siguió sino superó a Bush. El mundo pacifista que tanto esperaba de él, está ahora decepcionado

Como una poética película, Terrence Malick sugiere, que lo que separa la inocencia del desastre es tan sólo una delgada línea roja. El color de esta frontera viene al caso cuando se recuerda cómo la izquierda mediática del mundo criticaba despiadada y con verdad a George W. Bush al decidir éste no dejarse acomplejar en su guerra contra el terrorismo por las críticas contra el “asesinato legal.

Y esa doctrina la ha legalizado ahora Obama.

Los medios deben optar en cambio por las coaliciones voluntarias, la asociación ad hoc de determinados países para llevar a cabo acciones en el ámbito militar y de seguridad internacionales.

Barack Obama, a su vez, desbrozó sus posiciones en materia antiterrorista durante la campaña presidencial de 2008 en casi idénticos términos a los que su plan exigía: preminencia del multilateralismo, cierre de Guantánamo, respeto del derecho internacional y de los derechos humanos, diferenciación conceptual entre una guerra de elección y una de necesidad, y máxima cooperación internacional.

Paradójicamente, después de tres años en el despacho oval, las políticas de la administración Obama para la derrota del terrorismo se sitúan prácticamente en las antípodas de lo prometido… y en la que Obama ha superado, si cabe, las practicas de Bush, quizás todavía no en número. El idealismo de la campaña de Obama ha dejado paso al pragmatismo militarista sin que esa izquierda mediática haya abierto la boca.

¿Dónde estarán ahora aquellos que querían llevar a Bush ante la Corte Penal Internacional y consiguieron hacerlo y a siete de sus colaboradores?. ¿Y por que no incluir también ahora a Obama?.

Pero desde hace tiempo Washington ha recurrido a las agencias privadas de seguridad, para no mancharse las manos de sangre. Y de éstas normalmente se sabe poco. Wikileaks se han encargado como otras veces, de levantar la inmaculada alfombra y mirar debajo.

Al desnudo el espionaje privado y el terrorismo de Estados Unidos, la CIA en las sombras

Wikileaks ha puesto al descubierto las actividades del instituto Stratfor Global Intelligence, contratista privado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, asesor del Departamento de Seguridad y del cuerpo de Marines norteamericano, e informante de megacorporaciones como Dow Química Co., Lockheed Martin, Northrop Grumman y Coca-Cola.

La agencia Stratfor fue fundada en Texas en 1996 por George Friedman, ex asesor en temas de seguridad de altos oficiales de las Fuerzas Armadas, de la Universidad de Defensa Nacional y del Colegio de Guerra del Ejército norteamericano. En ocasiones ha sido considerada como una “CIA en las sombras” por el tipo de investigación que realiza y por sus métodos para obtener información.

“Como se trata de una empresa privada, tiene una impunidad que otros no poseen. No tienen que justificar de dónde viene el dinero ni quién los comisiona ni para qué”, explicó a BBC Mundo Richard Weitz, analista de Hudson Institute. Según este experto, la firma puede recibir dinero de una petrolera para emprender un estudio o, como en Bhopal, India, monitorear los movimientos sociales tras el desastre tóxico de la fábrica de Dow Chemical/Union Carbide en 1984, con saldo de al menos medio millón de afectados, catástrofe aún no conocida como debiera, causada por esa multinacional química. Esos no son temas para Washington.

Stratfor también brinda servicios de espionaje contra un gobierno extranjero a pedido de algún cliente de Estados Unidos o de alguno de sus aliados. “Si la CIA necesita información pero no puede quedar involucrada por la delicadeza de la situación -como infiltrarse entre otros perros de la guerra de Israel o la OTAN-, utiliza a la gente de Stratfor para que lo hagan directamente”, aseveró el analista.

La aprobación de las CIAS en la sombra ha hecho que Wikeleaks saque documentos comprometedores contra esos nidos de espías ilegales. Assange se juega la prisión de por vida

La web alternativa Wikileaks comenzó a publicar el 27 de febrero 2011. “Los archivos de la inteligencia global”, un paquete de cinco millones de correos electrónicos de Stratfor fechados entre julio de 2004 y fines de diciembre de 2011, y obtenidos por Hackers del movimiento Anonymous a fines de 2011. “Los lectores pueden descubrir lo interno de Stratfor, cuyo sistema de mensajería clasifica las correspondencias con categorías como alfa, táctica y seguro (...) y nombres en clave para las personas de especial interés tal como los Izzies (miembros de Hezbolá), o Adogg (Mahmoud Ahmadinejad)”, detalló el sitio.

Wikileaks desvela el funcionamiento interno de la firma privada e ilustra cómo construyó y financia una red internacional de informantes a través de cuentas en bancos suizos y tarjetas de crédito. Muchos de sus proveedores son agentes encubiertos, trabajan como empleados públicos, funcionarios diplomáticos y periodistas.

Generalmente, los informantes de Stratfor recurren al soborno para obtener información confidencial. Otros de sus métodos psicológicos quedan al descubierto mensajes enviados por el director ejecutivo George Friedman a la analista Reva Bhalla en diciembre de 2011, instruyéndole cómo obtener datos de un informante israelí respecto por ejemplo el estado de salud del presidente venezolano Hugo Chávez. Es decir del tipo de informaciones totalmente obsoletas que sirven a los intereses de gente boba.

“Los emails también demuestran el tráfico de influencias en las empresas de inteligencia privadas de Estados Unidos”, precisó el portal, y aseguró tener pruebas sobre los nexos entre Stratfor con oficinas del gobierno norteamericano. Por ejemplo, la revista Rolling Stone reveló que el Departamento de Seguridad Nacional vigiló las protestas de Occupy Wall Street a nivel nacional. Se supo que el Departamento de Seguridad Pública de Texas tiene un agente encubierto en Occupy Austin, quien entregó información a empleados de Stratfor.

Los correos interceptados también detallan los intentos de Stratfor para desestabilizar a Wikileaks y los feroces ataques de Washington contra su fundador Julian Assange quien se halla todavía en arresto domiciliario en Londres desde 2010 por acusaciones al parecer no fundadas de violación. Más de cuatro mil e-mails han atacado al periodista australiano, por haber denunciado varias veces el trasfondo político de su caso que se debe claramente a la difusión de 250.000 cables secretos cruzados entre el Gobierno de Estados Unidos y sus embajadas sobre la preparación de operaciones de espionaje y atentados terroristas. El deseo de venganza de todos los entes gubernamentales de Estados Unidos incluido el Presidente Obama está patente.

Desde Fred Burton, vicepresidente de inteligencia de Stratfor y ex director de contrainteligencia del cuerpo diplomático del Departamento de Estado, todos demuestran su profundo deseo de cargarse a Wikileaks y no pueden evitar en sus correos hablar desde su herida. Burton escribió en un correo: “No publicar. Tenemos un auto de procesamiento secreto contra Assange. Por favor, cuidar de este problema… Queremos que Assange pase a ser una novia muy solicitada cuando lo tengamos en prisión. Hay que reventar al terrorista. Va a comer alimento para mascotas toda su vida”.

Según Wikileaks, el instituto es “un editor de inteligencia” que ofrece servicios exclusivos al Departamento de Seguridad Nacional norteamericano, al cuerpo de Marines y a la Agencia de Inteligencia de Defensa. También figuran entre sus principales clientes grandes corporaciones como Dow Química Co. de Bhopal (culpable de la catástrofe de 1984 en India), Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon y Coca-Cola.

El Mosad aún se ríe de la ingenuidad del antiterrorismo de Estados Unidos

El Mosad (Servicio de espionaje del Estado de Israel), dispone de una unidad especial, el Kidon, para asesinar en cualquier lugar y en cualquier momento a enemigos de Israel.

Y siempre ha sonreído por lo bajo ante los escrúpulos de una parte de la opinión pública norteamericana que debían superar sus colegas de la CIA en materia de “asesinatos selectivos”. Ahora mismo, el espionaje exterior israelí libra una “guerra secreta” contra científicos y militares relacionados con el programa nuclear de Irán. Utiliza el procedimiento de una bomba adosada a un vehículo por unos hábiles motorizados, sean estos mercenarios opositores iraníes, gente de las minorías kurda o suní. O reclutados bajo una “falsa bandera”. O se hayan hecho pasar por agentes de la CIA para embarcarlos en su campaña de asesinatos.

Es un secreto a voces que el Mosad dispone de una unidad especial dedicada a liquidar físicamente en el extranjero a individuos considerados un “peligro existencial” para el Estado judío, palestinos con frecuencia y, últimamente, iraníes. Se llama Kidon (bayoneta, en hebreo), inicialmente fue conocida como Cesárea y aplica la sentencia del profeta Ezequiel.

En los últimos lustros, los éxitos de asesinatos genocidas como en 1996 el asesinato del ingeniero Yahia Ayach, con un teléfono móvil bomba) y sus fracasos en intentos de envenenamiento, aún usando pasaportes canadienses falsos, y otros aciertos novelados le han desacreditado al igual que a sus amigos de la CIA. Han hecho olvidar incluso el holocausto de los judíos en manos de Eichman, Himmler, Megele y Hitler.

En todas esas novelas que cantan las proezas del Mosad, la CIA y los cuerpos de seguridad, se halla algo de ficción: el personaje de Ian Fleming, el agente 007, al Servicio de Su Majestad.

Como el viejo agente 007, el personaje de ficción de Ian Fleming, la CIA tiene, pues, licencia para matar. Aunque allí donde el agente escocés prefería usar su pistola Walter PPK con silenciador, el presidente Obama y sus matarifes-de la CIA o del Pentágono son unos enamorados de los drones no tripulados, dirigidos por control remoto, que garantizan impunidad.

Pero la ficción ha traspasado sus límites y 007 es ahora real. Y la autoridad de Su Majestad ha sido traspasada primero a manos de Bush y luego de Tony Blair, para terminar inesperadamente en las de Barack Obama, por sobre todo lo esperado antes de las últimas elecciones presidenciales. Y ahora la Casa Blanca tampoco respeta nada, ni las enmiendas más sagradas de la constitución americana.

Pero si en las novelas de Fleming, la licencia para matar de 007 no era oficial sino oficiosa, en documentos altamente confidenciales. Los países europeos no aplican la pena de muerte ni tan siquiera oficiosamente ni tan poco con todas las garantías del procedimiento procesal, menos aún sin ellas. Teóricamente, porque algunos han protagonizado en las últimas décadas escándalos sonoros relacionados con el uso de fuerza letal sin propósitos defensivos. En Francia fue el affaire Rainbow Warrior de los años ochenta, en tiempos de François Mitterrand, cuando la explosión de unas minas colocadas en el buque ecologista por agentes de la Direction Générale de la Sécurité Extérieure (DGSE) provocó la muerte del fotógrafo portugués Fernando Pereira; el objetivo de la DGSE era entorpecer las protestas de Greenpeace contra los ensayos nucleares franceses en el atolón de Mururoa. En Gran Bretaña, fue la muerte en Gibraltar de tres militantes del IRA por disparos de comandos británicos en 1988, gobernando Margaret Thatcher. Se necesitaron siete años después, para que el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo condenara a Londres por ese caso, cuando ya se había olvidado.

En España fue el caso GAL de los noventa, gobernando Felipe González. En esos y otros casos, lo que destapó el pastel fue una actuación chapucera, en que andaban mezclados personajes oficiales, incluido el misterioso Mr X, que no era otro que el propio presidente González, amen del Ministerio del Interior de Madrid y sus agentes-estrella.

A la Rusia de Vladimir Putin se le atribuyen dos "operaciones" sórdidas aunque no es de extrañar si se recuerda que el propio Putin fue un oficial de la KGB en los últimos tiempos de la Unión Soviética, destinado en Dresden, dedicado al reclutamiento de informadores y agentes especializados en el robo de secretos tecnológicos occidentales.

La ejecución extrajudicial es legal en Estados Unidos porque el presidente lo quiere, lo cual antes de que lo pusiera en videncia el discurso televisado del Fiscal General de los Estados Unidos Eric Holder. Como Dios. Aquí no pasa nada.

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