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09/04/2015

imageCuándo off versátil publicó La mujer que no bajó del avión me quedé con las ganas de leerlo, pero en aquella época como hoy, las novelas se amontonaban en mi estantería sin que fuera capaz de darles salida. Siempre he sido compradora compulsiva, todas entraban en mi casa porque me apetecía adentrarme en sus páginas, y por unas cosas u otras todas terminaban cogiendo más polvo del esperado en un primer momento. Ahora, lo confieso, me contengo bastante, también es verdad que la economía no está para lanzar cohetes, y teniendo tantos libros en casa una se lo piensa más.

Así que cuando salió La última llamada no me lo pensé dos veces, iba a darle prioridad, me apetecía darle una oportunidad a Empar Fernández, me apetecía comprobar por mi misma esas criticas positivas que se gestaron con su anterior novela. Para que el impacto fuera mayor, no leí ninguna reseña, y casi pase por encima de la contraportada del libro, la portada la verdad es que prometía mucho y no defrauda.

Quizás por ello la he disfrutado mucho, porque no iba predispuesta contra ese elemento paranormal que tanto me asusta en literatura y que calza como un guante en esta narración, acrecienta la atmósfera opresiva de la culpa, la que los personajes sienten y que el lector por empatía terminará compartiendo. No he podido evitar meterme en los zapatos de Julio Monteagudo, y darme cuenta de que yo en muchos sentidos hubiera actuado como él, en otros quizás me hubiera parecido más a Yolanda. Pero el miedo y la culpa son gratuitos y cada cual coge el que quiere...

Me ha sorprendido la forma en que Empar maneja el sentimiento de la culpabilidad, y también la sicología de los personajes, tan distintos entre sí, una familia destruida por la desaparición de uno de sus miembros en la que cada uno intenta sobrevivir a su manera, Julio ahogando su desesperación en alcohol, Marisa adormeciendo con medicamentos sus sentidos, y Yolanda intentando mantener la cordura y sostener a duras penas lo que queda de su familia, sacrificando incluso sus relaciones.

La autora en el prólogo nos pone en antecedentes para que podamos entender a los personajes, una noche de finales de junio Noemí Monteagudo salió con su novio y amigas a celebrar el final de los exámenes de selectividad, en el transcurso de la noche Noemí se enfada con Sergio y decide volver sola a casa. A pesar de que su padre le había avisado de que no iría a recogerla, realiza una última llamada que no es atendida por encontrarse el teléfono silenciado. A partir de ese momento se pierde el rastro de Noemí y comienza el calvario de Julio su padre que esconde a todo el mundo esa llamada, pero no puede evitar recordarla cada día de su vida.

La autora:

imageEmpar Fernández (Barcelona) es profesora, columnista de prensa y autora de guiones para documentales. Para que nunca amanezca, Hijos de la derrota, Mentiras capitales y Sin causa aparente. Ha sido finalista del Premio de Novela Fernando Quiñones con la obra El loco de las muñecas y ganadora del Premio de Novela Corta Rejadora por La cicatriz .

Ha publicado, entre otras obras de ficción

Junto a Pablo Bonell es autora de Cienfuegos, 17 de agosto , de la serie de novelas negras protagonizada por Santiago Escalona y el Thriller Hombre muerto corre.

En 2014 publicó, también con OffVersatil, La mujer que no bajó del avión , recogiendo excelentes críticas entre los entendidos del género.

Recientemente ha quedado finalista del Premio Medellín Negro 2013 y del Ciudad de Carmona 2014.

Sinopsis:

Noemí Monteagudo salió una noche para celebrar el fin de curso, pero nunca regresó a su casa. Antes de desaparecer realizó una última llamada que su padre no atendió. Tres años después su familia ha perdido toda esperanza: su madre sobrevive a base de ansiolíticos, su padre aplaca la culpabilidad con la ayuda cómplice del alcohol y solo su hermana, Yolanda, es capaz de rescatar algo de cordura para seguir adelante.

Todo cambia cuando Julio, el padre de Noemí, descubre en un show de televisión a una vidente que asegura entrar en contacto con el más allá. Mientras Julio se deja arrastrar por las palabras de la enigmática mujer; Yolanda se propone desenmascarar a la poderosa médium.

Pero los secretos mejor guardados acaban por aflorar y casi nada es lo que parece.

Mis impresiones:

Si algo llama la atención en esta novela es la elegancia, y la maestría con la que la autora maneja el sentimiento de la culpabilidad, la soledad y la derrota. La atmósfera tan opresiva que es capaz de crear con unos personajes muy trabajados psicológicamente con los que no podremos más que empatizar, meternos en su piel y vivir el tormento que ellos sufren día a día.

En este caso no es tan importante la investigación que para mí queda en un segundo o incluso en un tercer plano, como el sufrimiento y la cotidianeidad de esa familia devastada por la pérdida, por el desconocimiento, y la incertidumbre, aunque después de tres años sin noticias pocas esperanzas albergan, pero sin cuerpo tampoco hay delito.

Nos encontramos ante una novela corta que explora como pocas el dolor desde distintas vertientes, y que al mismo tiempo ahonda en la crítica social, sacando a la palestra la crisis en la que España está sumida, el cierre de negocios y fábricas que deja polígonos industriales desiertos, jóvenes trabajando por poco dinero y descontentos de su situación. Y sobre todo el trabajo periodístico que puede que sea de los más mal pagados en la actualidad, con contratos de becarios... pagándose ellos mismos las dietas, jóvenes dispuestos a todo por demostrar lo que valen y lograr ser tenidos en cuenta.

Y como llovido del cielo un programa televisivo de máxima audiencia que explora el dolor, que juega con los sentimientos, puesto que los seres desesperados se agarran a un clavo ardiendo, con la racionalidad anulada, cualquier soplo de esperanza es bienvenido. De esta forma aparece en escena Samantha Damon, una irlandesa, que afirma contactar con el más allá. También ella tiene su momento de gloria es un personaje secundario de peso, por ello la autora se recrea en su infancia, en el poco cariño recibido de su abuela, e incluso de su madre que pasaba muchas horas trabajando, las largas ausencias de su padre hasta su muerte, las visitas que su espectro le hizo en ocasiones y que la salvaron de alguna situación comprometida. Pero sobretodo impacta la confesión que su madre le hace en su lecho de muerte y que cambia muchas cosas, sobre todo la cambia a ella.

De la historia de Samantha tenemos conocimiento a través de una biografía que lee Yolanda. Periodista inquieta, la única que intenta mantener la cordura en casa tras la desaparición de su hermana, no entiende como su padre es capaz de agarrarse como un clavo ardiendo a la vidente, cómo no es capaz de ver el engaño al que está siendo sometido. Por eso pretende desenmascarar el programa, para evitar de esa manera que su padre se arruine. Más tarde se dará cuenta de que puede hacer un buen reportaje y con suerte lo publicará algún medio importante.

Para ello decide empezar por el principio leyendo la biografía para acercarse al personaje, a la mujer que pone en escena el guión, y también hará uso de contactos que tiene en el programa de la médium, para conocer como funciona por dentro el programa y también para asistir con probabilidades de ser escogida entre el público.

Quizás porque soy periodista aunque no ejerza, quizás porque el gusanillo que me llevó a estudiar esa profesión y también a abandonarla por no poder ejercerla libremente sigue vivo en mi, me he sentido identificada con Yolanda, con su investigación para el reportaje, con la visión del programa desde dentro, desde las bambalinas, donde se tejen los engaños, porque en directo y con todo tan medido es difícil contactar con el más allá. El montaje televisivo queda al descubierto, el programa deja de emitirse, sin embargo eso lejos de convencer a Julio lo sume en una desesperación más profunda porque le niega la única vía de comunicación con su hija. La única posibilidad de saber que pasó aquella noche y donde está Noemí.

A pesar de la denuncia de ese tipo de programas que se dedican a explotar el dolor de las personas y a vender desgracias ajenas. La autora no pone en entredicho a las médiums, como comprobaremos en el correo que Samantha Damon le manda a Yolanda después de hundir su negocio y en el desenlace de la novela. Yo no creo en ellas, sin embargo, cada cual es muy libre de hacerlo. Reconozco que una persona desesperada necesita asirse a algo, reconfortarse, saber. ¿Se puede establecer contacto con el más allá? Lo desconozco.

Escrita en tercera persona, a través de un narrador omnisciente tenemos una visión de los hechos desde todos los puntos de vista. Con una prosa ágil, sencilla, sin florituras ni grandes golpes de efecto, la autora no busca engañar al lector, darle pistas falsas que le despisten, pretende y consigue ahondar en los sentimientos de los personajes, en los aspectos psicológicos más que en los físicos, construyendo personajes ricos en matices, tremendamente humanos, tanto los principales como los secundarios.

Antes he afirmado que la investigación policial es secundaria, sin embargo me ha gustado el subinspector Recasens, un policía muy humano y empático. Un hombre que se entristece cada vez que tiene que dar una mala noticia a un familiar, sabe que es su trabajo, aún así no deja de afectarle. El caso de Noemí, su imposible resolución hasta el momento, lo tiene como un escollo en su carrera. Por ese motivo sigue todas las pistas que Julio le da aunque las vea improbables.

La autora consigue noquearnos con el desenlace, con su peculiar forma de resolver la investigación, con esa puerta abierta al mundo de lo esotérico, cada cual que crea lo que quiera. Me ha gustado mucho ese golpe de efecto, quizás el único que la autora se ha permitido, y que supone un broche final para una novela que mantiene la tensión desde el principio hasta el final.

Los bastidores de la trama:

Toda novela tiene un desencadenante, algo que la motiva, que sirve de punto de partida para que un escritor empiece a ficcionar. En este caso la autora en entrevistas ha reconocido que la desaparición de una adolescente en su pueblo le sirvió de punto de partida. En los pueblos, al contrario que en las capitales la gente se suele conocer, un tragedia de este tipo suele golpear a todos los habitantes, el dolor de las familias es palpable y visible, además los espectáculos televisivos que venden desgracias y que cada vez son más frecuentes permiten adentrarnos en los devastadores efectos que la desaparición de una persona causa en sus familiares más cercanos.

Por otro lado las videntes, y sus programas son una constante en las cadenas locales, incluso hubo un programa muy parecido presentado por Jordi Gonzalez que también desapareció de antena al ser acusado de ser un guión preparado...

Con todos estos ingredientes Empar Fernández ha sido capaz de crear una novela negra distinta, que seguro que no dejará indiferente a los amantes del género, gusten o no de ese elemento paranormal.

Conclusión:

Nos encontramos ante una novela corta, que te mantiene pegada a sus páginas por la tensión que transmite, por la empatía que desarrollaremos con los personajes, por esa necesidad de saber donde está Noemí, por esa historia dentro de la novela que al final resulta tan interesante como la principal, por esos personajes tan bien construidos y llenos de matices del primero al último. Y por esa situación que puede tocarnos de lleno a cualquiera, y que se desarrolla ante el lector de forma tan verosímil, que este forma parte de ella, comparte el dolor con los personajes, su desesperación...

El elemento paranormal está introducido de forma natural, así que aunque no gustes de él no te resultara molesto, ni se te hará pesado.

Sin duda lo mejor de esta novela la construcción de los personajes y ese final que yo veía venir, y que sin embargo no sabía como se podía llegar a él. Para mi la autora ha sabido plantear y desarrollar una trama interesante y le ha dado un final que está a la altura.

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