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Hace 1d

África se ha convertido en el saco de todos los golpes de las enfermedades tropicales, al ébola siguen rebrotes del Sida y de la malaria. Hay en estudio diversas vacunas pero ninguna parece inmediata porque el mosquito anófeles se ha multiplicado

La malaria, una  pandemia que azota el Tercer Mundo.

El mosquito anòfeles, portador de la enfermedad, hace años inmune al DDT, amenaza a dos mil millones de seres humanos. Es necesaria una nueva vacuna, tan ansiada en muchos países pobres como hoy con el rebrote del SIDA.

La Organización Mundial de la Salud dio el grito de alarma en 1981 pero no lo oyeron muchos.Ese año se produjo una nueva ofensiva del Paludismo (patológicamente conocido como la Malaria, voz italiana que signifiica Mal Aire) se extendía entre los 61º latitud Norte y los 30º latitud Sur.

Los países alcanzados eran más de cien, entre los que se encontraban nueve de Latinoamérica: Panamá, Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam, Guyana Francesa, Brasil, Perú y Ecuador. En Africa: Gabón, Angola, Namibia, Kenia, Tanzania, Mozambique, Madagascar y la Amazonia En el Lejano Oriente: India, Nepal, Bangladesh y con una virulencia inusitada y desconocida en Birmania, Tailandia, Camboya, Vietnam y otros. El ascenso de las temperturas debido al cambio climático ha empeorado  la situacion.

Esta vez el mosquito anófeles no se detuvo ni al borde del Mediterráneo y Egipto fue otro de los países afectados, aunque en grado menor, a causa de los pantanos y marismas que se formaron al borde del Nilo con la construcción de la represa de Assuan por el Presidente Nasser.

Por otra parte el doctor Rogelio López-Velez, jefe de la Unidad de Medicina Tropical y Parasitología del Hospìtal Ramón y Cajal, de Madrid, advierte ahora, 30 años después, que la malaria se está convirtiendo en una enfermedad emergente en España, donde había quedado erradicada allá por los años 60. La mayoría de los casos que van de unos 500 a 700 cada año declarados o sin declarar.

Se trata de emigrantes que vuelven a España en el 75% de los casos y en otros de personas que van de vacaciones a países en riesgo y lo contraen allí.

Es difícil que la malaria vuelva a instalarse en España, aunque posible y a ello ayudaría el cambio climático y la invasión de mosquitos subtropicales

La malaria genera 207 millones de casos al año en todo el mundo, de los cuales un 89% son niños africanos. Se trata de una enfermedad endémica que se trasmite por la hembra del mosquito anófeles que también se ha detectado en España, pero no es una alarma. No obstante, gracias a la red del sistema sanitario español y a las condiciones del mismo, es improbable que se genere una epidemia en España. Estos datos los recordó  la catedrática de parasitología de la Universidad de Valencia, María Dolores Bargues en la sesión Aspectos ambientales del desarrollo africano, en una mesa redonda que se celebró en La Laguna (Tenerife).

En la sesión participaron el catedrático emérito de Botánica de varias universidades bajo dirección del Presidente de la Federación Internacional de Medicina Tropical Santiago Mas Comas.

“La malaria es una enfermedad parasitaria que está causada por unos protozoos de los que cinco especies  afectan a los humanos”. España conoció la malaria durante las guerras de Marruecos, en el siglo pasado pero quedó libre de ella en la década de los 60. Sin embargo, en los últimos años se han detectado personas con esta enfermedad en el país (unos 400 casos al año aproximadamente), pero se rtataba de  turistas o inmigrantes que procedían de estos países.

En los últimos años se han hecho muchos avances con respecto a esta enfermedad y en el control del vector. “España sólo se ha localizado la existencia de estos mosquitos que la trasmiten especialmente en los deltas de algunos ríos de la zona mediterránea.

Con respecto al cambio climático, el presidente de la Federación Internacional de Medicina Tropical, Santiago Mas Comas, dijo: “El cambio climático es algo mucho más complejo de lo que creemos todos, porque casi todos los organismos afectados son virus, bacterias o protozoos. Dentro de este grupo, las enfermedades más afectadas por el cambio climático son aquellas que utilizan vectores y las que saltan de animales a los humanos”. Insistió en que el cambio climático unido al trasiego de personas y animales entre continentes hace que algunas enfermedades como la leishmaniasis, la enfermedad de Chagas, el ébola y otras tantas patologías tropicales se hayan producido en zonas de Africa. El catedrático de ecología José María Fernández-Palacios reflexionó sobre el cambio climático en África y recordó que en el continente vecino se dan dos condiciones: la mayor diversidad con el menor desarrollo de los países. La mayor amenaza de la biodiversidad en la zona es la demanda de los recursos minerales como uranio, oro, diamantes y de ciertos elementos como la madera. Esto se une a las guerras, la deforestación y hace que aumente la vulnerabilidad medioambiental de África.

La población infantil del Tercer Mundo en peligro

Está amenazado el 40% de la poblaciòn mundial. "El comienzo de los años 50 se caracterizó por una degradación general de la situación" -dijo el doctor Lucas, director entonces del programa de investigaciones sobre el paludismo de la OMS (Organización Mundial de la Salud). Calculó en 100 millones el número de casos que se suman anualmente a la lista fatídica. Sólo en Africa mueren de paludismo anualmente tres millones de personas, entre ellas un milllón de niños. Cada 30 segundos se añade un niño con los síntomas de la malaria.

Esta enfermedad ataca principalmente a los países del Tercer Mundo por su clima húmedo y cálido, sus condiciones físicas y geográficas e instalaciones sanitarias precarias o no existentes.Ahora millones con SIDA o tuberculosis. En ellas el mosquito anófeles, no encuentra sino facilidades y más hoy con el cambio climático y las subidas de la temperatura, que convierte a país más bien fríos en subtropicales.

Hay tipos diferentes de parásitos a los que se suele llamar genericamente "Plasmodium malariae", pero que se dividen en tres categorías: el "vivax", el "falciparum"y el "malaria" propiamente dicho.

El parásito penetra en la sangre con una simple picadura. Tras un período de incubación de 10 a 20 días, el paludismo se manifiesa por escalofríos y rechinar de dientes. Luego sobreviene una fuerte fiebre (de 40º a 41º) acompañada de un violento dolor de cabeza. Al cabo de unas horas el enfermo empieza a sudar copiosamente y la fiebre baja. Estos accesos en tres fases diferenciadas se reproducen durante tres o cuatro días.

El parásido provoca diversos estragos, según la especie a la que pertenezca. El "Plasmodium Falciparum", desgraciadamente el más extendido, puede alcanzar al cerebro, ocasionando lesiones capaces de acarrear la muerte si al enfermo no se le atiende de inmediato.

La lucha contra los anófeles conoció una nueva juventud con la llegada de los insecticidas, que hicieron historia, incluso en Latinoamérica. En los décadas de 1950 y 1960, el DDT era muy eficaz. Pero, según los médicos, los mosquitos han ido desarrollando desde entonces una elevada resistencia a ese insecticida.Ahora son inmunes.

La operación siguiente en muchos países latinoamericanos durante ese tiempo fue destruir las larvas en las riberas, las ciénagas y los pantanos. Fue un gran sueño de bella destrucción en América. En Venezuela se recuerda el respecto Dr. Arnoldo Gabaldón.

Al mosquito le gustan las temperaturas altas y el cambio climático le ayuda

.En 1980 hubo que desterrar la vieja quinina, que data de 1820. Otros derivados de ella por síntesis química han permitodo luchar contra los parásitos, no con toda eficacia. Francia, por ejemplo, enviò grandes cantidades de de quinina a Vietnam en aviones militares, en vista de una emergencia angustiosa, a pedido de Ho Chi Minh. Pero también se muere masivamente en Etiopía, en Birmania, en Cambodia y en todo el sudeste asiático.

Pero la resistencia a ese fármaco de las diversas clases de "plasmodio" enunciadas ha aumentado mucho durante los últimos veinte años. En numerosos países la célebre "Nivaquina" ha tenido que ser remplazada por productos más modernos, como la la "Mafloquina", que los norteamericanos suministraban ya a sus soldados durante la guerra del Vietnam. También la usaba el Vietcong.

Estos productos se han mostrado eficaces, pero el "Fansidar", sobre el que se pusieron grandes esperanzas, ha fracasado. Lo mismo que la tan publicitada vacuna del Dr. Patarroyo, que sigue estando en "veremos"

A la búsqueda de una dificil vacuna internacional

El objetivo de la obtención de una vacuna a corto plazo era difícil, casi imposible.Referirse a ella como esperanza es hablar de ciencia-ficción. Británicos, norteamericanos, franceses, alemanes, australianos y neozelandeses compitieron en el intento año tras año y produjeron los primeros intercambios de informes sobre el tema, que fue algo. Entre ellos se solía decir que quien logre ésta o la vacuna contra la malaria o el Sida será Premio Nobel.

El logro es difícil porque el parásifo a medida que penetra en el organismo cambia de forma. En cada fase se despoja de su piel para revestirse de otra y sus antígenos de superficie no son los mismos. La vacuna la dirigieron generalmente contra los esperozoites, primer período del desarrollo del plasmodio.

Para lograrlo los científicos fabricaron la copia conforme de una proteína de esperozoite. Luego la inyectaron a animales con la esperanza de que segregaran anticuerpos capaces de destruir a aquel. Quedaba por estudiar la acción de esta vacuna sobre seres humanos.

El plazo para saber si habría o no vacuna se calculó en unos cinco años, pero han pasado casi 40 y nada.

La OMS se queja de la falta de cooperación de las poblaciones locales en muchos casos.Y la de los estados europeos, los Estados Unidos, y otras potencias mundiales, en todos.Y eso que entre los veteranos norteamericanos que volvían del Vietnam, había un 60% contagiados.DIremos por encima lo que pasó

Lo que hizo el Pentágono fue enviarlos a Alaska, donde el frío mataba teoricamente cualquier resto de malaria. Pero eso era irrealista, porque se tiene malaria o no se tiene, y en el primer caso ella no se separa jamás de víctima.

Esa medida era muy cómoda para los tres o cinco estrellas del Pentágono, pero irrisoria para los veteranos, pues sin médicos, sin vacunas, sin recursos, los síntomas persistían:la malaria es implacable.También la OMS se quejó de que la lucha se llevaba a cabo en un sólo frente: la eliminación del mosquito vector por medio de los insecticidas herederos del DDT, muy tóxicos por cierto, cuando se debía hacer hincapie en una estrategia global que la Organización Mundial proponía y a una mayor investigación de laboratorio. Pero el SIDA se interpuso  ya en los grandes países ricos, y los pobres no tenían más presupuestos se quedaron con la malaría y el sida y... ahora ébola.

Los científicos siguen su camino paralelo, no divergente contra la malaria

El primer paso replicó el mundo médico era inmunizar a las personas con un antiparasitario eficaz.En general se dirigió la mirada hacia los laboratorios suizos. La inmunización antiparasitaria humana constituiría y constituye, donde se aplica, un arma decisiva. Estaban todos de acuerdo.

Cuando en 1976 los investigadores neoyorquinos se sumaron a la lucha, los doctores W. Trager y J. B. Jensen, llegaron a cultivar "in vitro" el agente del paludismo humano y esperaban haber abierto el camino. La puesta a punto de una vacuna parecía inminente.

Un gran número de equipos de médicos en diversos países y en especial en Inglaterra, se basaron en el descubrimiento de los doctores norteamericanos en sus investigaciones. Pero desgraciadamente, la salida masiva al mercado de una nueva vacuna esperó una década y no dió los resultados esperados.

El Dr. Trager, a los 94 años, estaba aún tratando de conseguirla en los laboratorios de la Universidad Rockefeller. Pero el mosquito anófeles había desarrollado tales resistencias que se llevó por delante los sueños del Dr. Trager, quien murió en el 2005, lamentando no haber conseguido él sino haberse podido librar del mosquito a pesar de las largas temporadas pasadas en Africa.

La vacuna de la Fundación Bill Gates, desarrollada por Glaxo

Ahora tras varios años de vacío, con esfuerzos heroicos más bien inividuales, la vacuna contra la malaria patrocinada por esa Fundación, desarrollada por Glaxo, fue la gran esperza y promesa de futuroEso será dentro de unos años, según afirma el doctor Pedro Alonso, investigador del Centro de Salud Internacional del Hospital Clinic de Barcelona, con sede en Mozambique, que dirige el proyecto, si es que llega a cristalizarse en una realidad, al fin.El gobierno de Mozambique y los científicos africanos colaboran incansablemente en estos proyectos, con los médicos Sin Fronteras volcados en el ébola..

El doctor Pedro Alonso explicó en rueda de prensa que los ensayos clínicos en fase II de la vacuna contra la malaria, realizados en niños mozambiqueños de uno a cuatro años, demostraron la eficacia de la vacuna en un 30% contra los episodios clínicos de malaria, en un 45% frente a la infección primaria por 'Plasmodium Falciparium' y en un 58% frente a la forma más grave de la enfermedad.

Los ensayos se ampliarán a niños menores de un año para, más adelante, al desarrollar el estudio final en fase III previo al registro del producto, que podría llevarse a cabo, en su opinión, dentro de unos años.

En este sentido, el doctor Juan José Picazo, jefe del Servicio de Microbiología Médica del Hospital Clínico de Madrid, indicó que hay esperanzas fundadas en todo el mundo de que en unos años se dispondrá de una vacuna eficaz, que sería la única posibilidad de reducir la incidencia y mortalidad de esta patología en el Tercer Mundo.Esta vez no parece ciencia-ficción.Pero ver para creer.¡Toquemos madera!.

No obstante, el doctor Alonso advirtió de que la vacuna será muy útil para luchar contra la malaria, pero por sí sola no servirá para controlar o erradicar la enfermedad, sino que serán necesarias otras medidas de control vectorial, como mosquiteras impregnadas en insecticida, y el desarrollo de servicios sanitarios adecuados y de fármacos para la población en riesgo.Es decir, nuevas estructuras médicas, para todo un mundo al que eufemísticamente se llama "países en vías de desarrollo".

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