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En el fenómeno de la vulnerabilidad climática de España intervienen otros factores como el cambio climático, los regadíos, la agricultura y fenómenos meteorológicos diversos

 

La España Sahariana, un hecho inexorable

España es el país de Europa más activo en un proceso irreversible de la desertificación. Las provincias de Almería y Murcia no tienen apenas árboles y escasos prados, y regatos. Cuando llueve lo hace torrencialmente, entonces se producen inundaciones. Y es que el desierto del Sahara avanza inexorable hacia el norte (y no tanto hacia el sur) y el mar no aísla a las islas Canarias de un fenómeno general, sobre todo las de Fuerteventura y Lanzarote.

La pasividad frente de los poderes fácticos ante los riesgos que acarrea el cambio climático tiene consecuencias graves, materiales y contables. Es lo que ha querido poner encima de la mesa el grupo de expertos del Foro de la Vulnerabilidad Climática, que avisa de la muerte de cinco millones de personas en los próximos diez años si no se da una respuesta eficaz al reto del calentamiento global.

Según este grupo, cada año mueren alrededor de 350.00 personas por motivos derivados del clima como hambrunas o fenómenos meteorológicos extremos, como recogen en su informe Climate Vulnerability Monitor: The State of the Climate Crisis (La situación de la crisis actual). El 99% de estas muertes, que para 2030 se contarán a un millón cada año, sucede en países en vías de desarrollo.

"Hacía falta esta herramienta, un índice de vulnerabilidad, para analizar las riesgos de cada uno de los países, poder hacer previsiones válidas a medio plazo de las amenazas y poder objetivar y simplificar los mensajes", afirma a los medios la secretaria de Estado de Cambio Climático, Teresa Ribera, que forma parte del grupo de alto nivel que ha elaborado este informe, entre los que también están el Premio Nobel de la Paz Rajendra Pachauri y el ex presidente de Chile Ricardo Lagos. El 99% de estas muertes se produce en países en desarrollo, es decir el Tercer Mundo.

Este trabajo, muestra que el cambio climático no sólo perjudica seriamente la salud. Según los cálculos que recoge este trabajo, en la actualidad se pierden 150.000 millones de dólares anuales como consecuencia del calentamiento, de los que más de la mitad son pérdidas que soportan los países más industrializados. Por ejemplo, la desertificación, las inundaciones y la subida del nivel de los mares por el calentamiento del planeta les cuestan a los países del Pacífico el 4% de su PIB.

Un total de 50 países son extraordinariamente vulnerables al cambio climático y necesitan ya hoy ayuda urgente. Sin embargo, la situación de estos territorios no implica que el resto estén mucho mejor, ya que el informe asegura que 170 países, casi todos (el informe contiene datos de 184) son también muy vulnerables en alguno de los parámetros que define el informe, como desastres medioambientales, impacto sobre la salud de los habitantes, estrés económico o destrucción del hábitat."Esta herramienta permite analizar los riesgos, uno a uno", dice Teresa Ribera

España,   de aquí a 2030 empeorará su situación medioambiental en gran medida por culpa de la desertificación

Aunque el 80% de los daños derivados de este fenómeno de desertificación los sufrirán los habitantes de países emergentes como China e India, España está a la cabeza junto a Estados Unidos de los países desarrollados que más vulnerables a esta degradación ecológica en las dos próximas décadas. El estudio señala que los riesgos derivados del impacto del clima sobre la salud de los españoles mejorarán de aquí a 2030.

Los autores pretenden difundir las vulnerabilidades descritas en el informe para forzar a actuar a los gobiernos y reforzar la respuesta a enfermedades derivadas del clima (malnutrición, malaria, diarrea...)

El cambio climático es un fenómeno mundial, pero no tanto europeo como africano. Se salva a duras penas el País Vasco, la costa cantábrica y Galicia, aunque allí los incendios forestales demasiado frecuentes favorecen la erosión. También últimamente Cataluña. Estas zonas aparecen siempre verdes en los mapas meteorológicos. La costa atlántica llora más y mantiene la tierra húmeda sin grandes inundaciones, aunque también en eso se ha empeorado mucho en estos últimos años también en el Norte, porque al clásico sirimiri de antaño ha sucedido el chaparrón semitropical, lo cual como síntoma no es halagüeño.

Y es que el clima ha cambiado, incluyendo al mismo Sahara. Lo testimonian las pinturas rupestres de Ahagar y Tassili en Argelia; entonces el actual Sahara ofrecía (eso era hace miles de años) una naturaleza de herbazal, verde que ha desaparecido bajo la arena. ¿Quién imaginaría al contemplar las inmensidades áridas del sur del Irak que esta región fue la cuna de la civilización de Mesopotamia hace 6.000 años?

Y refiriéndonos a las islas Canarias, ¿quién se ha cerciorado ahora que en 1619  que cuando el navegante normando Juan de Bethencourt desembarcó en el vergel de las Canarias, dos de ellas, Fuerteventura y Lanzarote, eran en 1640 un inmenso bosque poblado de burros? Hoy el desierto de Jata, al sur de la isla, avanza paralelo al desierto africano.

En España, parte es culpa del hombre, de su apatía y de una planificación movida por un entusiasmo ignorante

Durante la era del franquismo y del post de los 50 y 60 España se lanzó a un desarrollo exagerado y mal planificado sin pensar lo más mínimo en sus consecuencias ambientales. Se gastó en plan desmesurado el agua para abastecer concentraciones industriales gigantes, urbanizaciones lujosas (con campos verdes de golf, diseñados para turistas), en el litoral nuevos campos de cultivo en zonas semiáridas, mayor presión sobre la ganadería, y más proyectos descabellados desde el punto de vista ecológico y sostenible. Si las hubiera escrito Fraga Iribarne, El gran apóstol del “Spain is different”, no vivió lo bastante para ver en que desembocaban sus sueños neuróticos de grandeza.

Eran, decían los naturalistas, -- cosas del régimen franquista-- pero a partir de la muerte de Franco, todo siguió igual o peor. La anunciada Reforma Agraria no se llevó a cabo y en Andalucía la población campesina se vio sin futuro y sin esperanza. Hay que recordar que Fraga siguió al timón ya en la Transición.

Con la progresión de la aridez, un fenómeno que avanza desde hace 25.000 años, se siguió desarrollando en España un modelo de agricultura intensiva, sobre todo en Andalucía y en las regiones levantinas, inadecuado y letal. Ahora todo se espera del turismo.

Y con él el 64% del terreno cultivable del territorio español está amenazado. Murcia, en la zona árida mediterránea de España, con una precipitación media anual de 200 mm. Será una región desértica para el 2020

Este tipo de agricultura exige inmensos volúmenes de agua para riego, que alimentan una industria feroz, cuyos principales mercados con la actual crisis se encuentran en una Europa donde el marco, la libra esterlina y el euro pagan con severidad tomates, lechugas, fresas y claveles regados con agua que en medio de la escasez, vale su peso en oro. Los gobiernos centrales han situado siempre la lucha del sur con el norte para la llegada del agua excedente de las cuencas septentrionales, para el mantenimiento de esta agricultura intensiva, productiva pero agresiva con el medio ambiente, que exige del aliento cada vez más de abundante de agua.

 

 

Los trasvases que encadenaban al Tajo y al Segura, no resultaron ecológicamente, ni a satisfacción de nadie, ni llegaron a funcionar con la agilidad legal deseable, por motivos operativos y políticos. E l del Ebro rallaba en la locura y la ignorancia geográfica y hasta étnica. El recalentamiento del río por la industria nuclear, caso Garoña, ha empeorado la situación haciéndola irreversible. Eso si son fallas con el nombre de otro nefasto estilo Fraga, el ministro Soria.

No se estudió a fondo el problema de los costes de explotación, mantenimiento y amortización cada vez que se refería a trasvases. Laisser faire, laisser passer. Según sus primeros números sería difícil alcanzar unos costes por debajo de precio a que se aspiraba el metro cúbico, con lo que, según las cifras oficiosas, el rendimiento medio por hectárea no alcanzó las expectativas sino todo lo contrario…

El Consejo Nacional del Agua elaboró un esbozo de cómo podría quedar el plan de transferencias entre cuencas sólo hasta el 2010. La principal novedad, aparte de la consolidación del trasvase Tajo-Segura era la conexión del Ebro y el Duero con las regiones levantinas y Andalucía, que verían mejoradas sus aportaciones al Guadalquivir. Pero es de sobra conocido lo que ocurrió en esas situaciones tan conflictivas y políticas sin resultados tangibles. Y obsoletos para el tema de la desertificación que nos ocupa.

La aprobación del Plan Hidrológico Nacional, bueno y malo, inútil y quimérico, resultó empresa complicada, lo fue también de nuevo más por más motivos políticos que técnicos o económicos, aunque estos tampoco faltaron. A fines de siglo, las consecuencias de esta errónea idea de progreso llevaron ya a España, entre otras cosas, a que un 60% de su territorio quedara bajo la amenaza de la desertificación y a que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) considerara a España como el único país de Europa con riesgos tan extremos de pérdida irreversible de suelo. Esto  lo recoge el Climate Vulnerability Monitor. Y de poco sirven en ese caso los entusiasmos derrochados hace una par de años para ganar primero la Copa de Europa de fútbol, luego el Mundial de Sudáfrica con la posterior ducha fría de Brasil. Han servido de poco en otros horizontes no deportivos porque la corrupción “vigente” siguió y el pueblo no ha ganado en consciencia de lo que ha pasado y lo que se avecina en campos no tan verdes como el césped del terreno de juego.

Y todo esto no es ni un complot de la izquierda europea ni ibérica ni una mala propaganda política, ya que si nuestros regadíos hubieran estado mejor estructurados, social y económicamente, funcionando al nivel de consumo permitido por la disponibilidad del agua; si nuestros montes hubieran estado poblados, trabajados con una agricultura de secano dinámica y comprometida con el futuro, probablemente las pérdidas hortofrutícolas, las superficies devoradas por el fuego y la violencia las riadas hubieran sido menores”. Pero eso es ya agua pasada.

A todo lo que hemos escrito no le llamemos fúnebre, sino lamentable. Sí, una salsa que desentona frente a Europa. Los gastos anuales de la desertización se elevaban a 26 billones de dólares, cifra que no fue fácil de entrar en las estadísticas oficiales. Eso sólo y sobre todo en producción que se perdía mientras la desidia producía catástrofes como la del lino, de la que se prefería no mencionar “hasta después de las elecciones”. Pero aquellas elecciones se fueron hace mucho y todo siguió igual, y ahora estamos en el 2014.

La flojera de los grandes de Medio Ambiente,

con despachos generosos en Madrid no ha dicho jamás “mea culpa”

La inercia de medio ambiente de Madrid sigue en el año 2014, y es un ejemplo de las consecuencias del fenómeno del que tratamos pues el invierno en toda Europa no es un producto de la casualidad sino la resultante del calentamiento global y del deterioro del medio ambiente, a través de los años.

Aunque no lo parezca un equilibrio político ayuda a resolver los problemas del medio ambiente

Al frío polar y la nevadas y luego el granizo y la inundaciones--como la de Elizondo--que  dieron paso al verano, es decir, que ha habido sólo dos estaciones como en el trópico y es que el clima como hemos dicho ha cambiado porque las nevadas de este invierno son atípicas. Lo mismo que el granizo.

Para resumir el tema desertificación del año 2000 al año 2014 como no tenemos a mano todos los mapas de la Península Ibérica que nos muestren las zonas verdes, hemos seguido la trayectoria de una organización como “Ecologistas en Acción” y de Greenpeace a través de las cuales se aprecia claramente, sin exageraciones que en España la amenaza de la inexorable desertificación no se ha tomado con la seriedad debida. Al parecer sigue siendo más importante el mundial de Sudáfrica o el de Brasil o los nuevos fichajes del Real Madrid que todo lo que han denunciado los ecologistas y por todas frivolidad, no se tiene en la agenda de las altas esferas de Medio Ambiente, sea quien sea, el Ministro a cargo de este problema Las protestas reiteradas año tras año de “Ecologistas en Acción”, se dejan pasar, sin tomar iniciativas y menos a largo plazo

 

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El avance imparable del desierto es un problema que afecta al 40% de la superficie del planeta y a 250 millones de personas repartidas por el mundo

Las talas forestales intensivas y globales, sobre todo en África y Asia, los incendios, agricultura, sobrepastoreo y cambio climático son los factores que los expertos identifican como principales causantes del rápido avance del desierto. En España el 43, 5% del territorio está sometido a procesos de desertificación y el 18% se encuentra gravemente afectado, estimándose en 67 millones de toneladas el suelo que se pierde anualmente.

La salinización de los acuíferos en prácticamente todo el litoral mediterráneo es otro efecto derivado de la pérdida de retención de agua y de una nefasta gestión agrícola.

Todos los ecologistas entienden que la única forma de luchar contra la desertificación y la sequía pasa por la aplicación de una auténtica política sostenible, en materia energética, forestal, agrícola e hidrológica, que garantice la conservación y defensa de los ecosistemas que albergan la gran riqueza en biodiversidad, y de los propios suelos donde se asientan.

Lo mismo ocurre con el resto de “esferas de acción“, como la ordenación de los recursos hídricos, la conservación del suelo, la silvicultura, las actividades agrícolas, la ordenación de pastizales y praderas y la protección contra los incendios forestales que, por cierto, representan el principal agente de la degradación del suelo por pérdida duradera de vegetación natural en la península”.

Sigue sin haber un plan de acción contra la desertificación

La lectura del documento lleva a Theo Oberhuber a definirlo como “una recopilación de lo que ya se está haciendo, y “parece que el documento se ha elaborado como una justificación ante el Convenio de Lucha contra la Desertificación y en base a sus criterios técnicos“, que en su día se perfilaron pensando sólo en África.

Sin embargo, se trata de un proceso que afecta a diferentes y amplias zonas del planeta y España no se queda atrás. Muchas zonas se encuentran “potencialmente afectadas por el proceso“, dice el documento. De hecho, más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. En el mapa de Meteosat puede observarse que toda la mitad sur, a excepción de las cadenas montañosas más elevadas, más la meseta norte, la cuenca del Ebro y la costa catalana entran dentro de esa categoría y, por tanto, son susceptibles de favorecer el avance de los desiertos.

El coordinador de Ecologistas en Acción sigue asegurando que probablemente el nivel de desertificación sea más grave, porque los métodos de cálculo utilizados priman los efectos de la erosión sobre la pérdida de suelo fértil. En este sentido, se recordaba que en el año 2013 España era el país europeo que había perdido más suelo fértil en aras de la urbanización, y por eso dice no entender que no se haga casi mención en el texto que se presentó al desarrollo urbanístico y a la construcción de infraestructuras de transporte.

El litoral sobre todo en Levante dejado de la mano de Dios

Preguntado por esta cuestión, Antonio Serrano aseguró que «no es el principal problema, siendo el abandono de la agricultura y la pérdida de población en el medio rural las principales causas para la desertificación. En este sentido, el Programa de Acción confiaba en las soluciones que pueda aportar una futura Ley de Desarrollo Rural Sostenible.

Según los datos que se recogen en el Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, más de 7 millones de hectáreas, un 14, 62 por ciento de la superficie total, están en riesgo alto de desertificación, mientras que en más de 9, 5 millones de hectáreas ese riesgo es medio. Junto con las zonas en riesgo muy alto y aquellas en las que esta amenaza es baja, aunque existe, el total de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas en España asciende a 36 millones de hectáreas, el 72% del territorio.

Unas cifras que trasladadas al mapa de España suponen que sólo quedarían fuera del ámbito de lucha contra la desertificación la Cornisa Cántabro-Pirenaica y las grandes alturas de los Sistemas Central e Ibérico y de los sistemas montañosos de la mitad sur de la Península. Y es que dos terceras partes del país corresponden a climas subhúmedo seco, semiárido o árido. Puede decirse que la aridez va aumentando desde el noroeste hacia el sureste, donde sólo llueve de un 5 a un 20 % del agua que se evaporaría o aprovecharía, con zonas húmedas intermedias en las áreas montañosas.

En el Estado español el 40% del suelo está amenazado por procesos de desertificación-insistía Ecologistas en Acción- y la velocidad con que avanza este fenómeno es alarmante. Las principales causas de la degradación del suelo hay que buscarlas--repetimos-- en la mala gestión de los recursos hídricos, una inadecuada actividad agraria, la construcción de grandes infraestructuras y el descontrolado desarrollo urbanístico en las costas, cuyo cenit marcó la política del ministro Fraga.

 

La desertificación no es el aumento de extensión de los desiertos existentes, sino el proceso de degradación de las tierras en áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Es un proceso gradual de pérdida de productividad del suelo y de adelgazamiento de la cubierta vegetativa por efecto de las actividades humanas y de las variaciones climáticas. Casi 300 millones de personas padecen directamente los efectos de la desertificación, y una tercera parte de la superficie terrestre -más de 4000 millones de hectáreas- está ya en sus umbrales.

En España, a pesar de que el diagnóstico científico y cartográfico inducen a pensar que se sabe técnicamente como frenar las causas que desencadenan los procesos de pérdida de suelo, hasta la fecha no ha habido voluntad política para tomar las medidas adecuadas. Por esta razón, -y con motivo de la celebración del último Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía (10º)-, Ecologistas en Acción se dirigió a la Ministra de Medio Ambiente para solicitarle que considere prioritario la elaboración del Plan de Acción Nacional de Lucha contra la Desertificación.

El Estado español, se encuentra a la cabeza entre los países desarrollados afectados por la desertificación. Uno de los principales factores desencadenantes de esta situación es la erosión o pérdida de suelo fértil. Siete provincias presentan niveles de erosión por encima del 90% de su superficie, son Almería, Murcia, Valencia, Tarragona, Las Palmas, Alicante y Castellón. Las Palmas y Alicante están afectadas en un 100%. Por otro lado, un reciente informe hecho público por la Comisión Europea, Eurosión, alerta de los procesos de erosión en las costas, principalmente como consecuencia de la construcción de infraestructuras que bloquean la llegada de sedimentos al mar. En España, las costas más afectadas están en la Comunidad Valenciana, Andalucía, Cataluña, Islas Baleares y Cantabria.

Según Ecologistas en Acción, las actuaciones en materia de protección de suelos debían tener como principal objetivo el desarrollo de una gestión sostenible de las tierras agrícolas, de los recursos hídricos y de la ordenación del territorio.

La desertificación es "grave" en España pero "trágica" en África, lo que conlleva el "drama" de las migraciones  y la tragedia de la inmigración “ilegal” de subsaharianos, la valla, las pateras, etc..que estamos viviendo con dolor en el alma, que no comparten autoridades vigentes e interior en especial.

La Sociedad Europea de Conservación de Suelos y  el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), indican que el de la desertificación es “quizás” el problema ambiental más grave que existe en España, un proceso “insidioso y solapado que va actuando paulatinamente” pero del que la sociedad no tiene conciencia y no percibe “la gravedad de la amenaza”.

 En su opinión, el territorio español se encuentra "enfermo", pero su patología tendría un diagnóstico y unas posibilidades de tratamiento. "Es un enfermo que puede recuperarse, pero es preciso una voluntad decidida de la sociedad por percibir la gravedad del proceso y una actuación activa a nivel social e individual".

Respecto a la falta de agua,   los consumos de este recurso "siguen imparables" y que se han "sextuplicado" desde los años 50, hasta convertir a España en el quinto consumidor mundial per cápita de agua. En este sentido, en el agua "tenemos la asignatura pendiente de ahorrar mucho más, de desarrollar nuevas tecnologías" y de lograr la eficiencia. Hay un enorme campo de actuaciones en reciclaje, reutilización y utilización con mayor eficacia, y hay que actuar a nivel de conducciones, de uso agrícola, doméstico o industrial.

Pero el futuro es "muy preocupante" y nada halagüeño. Al respecto, todo lo tratado con la  del cambio climático y la "escasez" de recursos hídricos, "nos confronta a un futuro que será probablemente cada vez más árido, inhóspito y hostil". Nosotros nos jugamos el territorio, un territorio que lleva visos de convertirse en un medio casi invivible. Y sin duda estamos pensando en el desierto del Sahara.

 

 

 

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