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Abundan las leyendas que rodean a la figura de los balleneros vascos y una de ellas es su llegada al continente americano en el año 1375 a la isla de Terranova. Otras sostienen que aún antes. Lo consiguieron documentalmente 117 años antes que Cristóbal Colon que llegó en el año 1492

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La lista de “Patrimonios de la humanidad” de la Unesco está considerada el mayor honor para monumentos, edificios, sitios o elementos naturales “de valor universal excepcional”. A esta lista se añadió recientemente “Red Bay Basque Whaling Station”, la “Base Ballenera Vasca de Red Bay” de Canadá.

Los marinos vascos ya navegaban por todo el mundo conocido antes de la conquista aquitano-inglesa y los castellanos de los Reyes Católicos, como lo demuestran diferentes libros comerciales de Brujas de 1200 y las leyendas de los barcos de la Navarra marítima descritos por Benjamín de Tudela en el puerto egipcio de Alejandría sobre el año 1170. Para finales de ese siglo XII, cuando toda la Nabarra marítima fue invadida militarmente por Aquitania-Inglaterra (1174-1193) y Castilla (1199-1200), la flota del Estado vasco de Nabarra era famosa en el Cantábrico y la componían marineros voluntarios de Lapurdi, del vizcondado de Iputz; de Bizkaia y de las tierras encartadas de Castro Urdiales hasta Laredo-Santoña (entonces frontera del reino baskón).

Las naves vascas del siglo XII eran similares a las vikingas o normandas, aunque sin remos y algo más pequeñas, por lo que es posible que los vascos aprendieran a construir este tipo de lancha de los “hombres del norte”, los normandos, con notables mejoras añadidas. Eran naves construidas a modo de “tingladillo” de 20 metros eslora y una manga de 5-6 metros, a una sola vela, con un castillo o torre en popa, con flechas y canasta o gavia en la punta del mástil. Tenían  oteadero de barcos y ballenas, todo con la apariencia de los drakkar y snekkar escandinavos. Estos barcos vascos se conocen con el nombre genérico de “coca” que después fueron sustituidos por barcos de mayor calado. Los vascos fueron los primeros europeos, a la par de los vikingos, en navegaciones en alta mar. Fueron ellos los que introdujeron el timón de codaste o de popa en Europa, llamado también a la “nabarresa” o la “baionesa”.

El primer dato sobre la caza de ballenas por los pescadores vascos data del año 670. Un cargamento de diez toneladas de aceite de ballena o sain fue enviado al Monasterio de Jumieges a orillas del Sena. Y fue en el año 1670 cuando la especie de esta ballena, ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) fue considerada extinguida comercialmente. Se sabe, que los balleneros vascos, llevaban cazando ballenas más de 1000 años antes.

Concretamente, el primer dato existente de balleneros vascos data nada menos que del año 760 D.C. Se especula con la idea de que la técnica de construcción naval utilizada por balleneros vascos, era cantábrica y que su estructura es la de los vikingos aunque se diferenciaba de forma clara de la empleada por los arrantzales.

 

En un programa de Radio Euskadi y Radio Vitoria de junio 2013 intervino Michael Barkham Huxley, doctor en historia, hijo de Shelma Huxley, y su distinguida madre dio a conocer hechos no conocido.

Gracias a la arqueología se ha encontrado un hacha fabricada en el País Vasco en un cementerio de los indios hurones y otras embarcaciones que emparentan a vascos y vikingos

La primera alusión documentada de la presencia de vascos en aquellos lugares data del año 1517. Respecto a la  llegada de los vascos a Terranova antes del descubrimiento para Europa por Cristóbal Colón de América (siglos después de  los vikingos y los vascos), hay muchos escritores que lo afirman-con o sin pruebas documentales- , entre ellos los Doctores I. García Camino y J.L. Orella Unzué, el euskaltzain A. Irigaray, el escritor Robert Loture o el historiador zuberotarra Arnaut Oihenart (s. XVII) entre otros.

Estos historiadores sitúan la llegada de los balleneros vascos al “Nuevo Mundo” sobre los años 1372-1375, pero no hay pruebas arqueológicas de ello. El euskaltzain A. Irigaray dijo al respecto: "Los vascos llegaron a Terranova en 1372; al mismo tiempo se dedicaron a la pesca del bacalao". El cetólogo belga Van Beneden nos dejó este texto recogido en el libro mencionado “La Navarra Marítima”: "Después de la caza de la ballena por la Mancha y el mar del Norte, los vascos, a finales del siglo XIV, año 1372, viraron hacia el oeste y vieron aumentar el número de ballenas, por su aproximación a los bancos de Terranova"(...) "En 1412 había pescadores vascos en Islandia, a donde huían las ballenas perseguidas por los balleneros".

Incluso se habla de un barco de Orio que llegó a la conocida como “Isla de los Vascos” en 1392 (Terranova, Ternua en euskera). En un congreso en 1993 en Pau (118 Congrès del C.T.H.S.), se dieron los últimos datos al respecto: en los siglos XIV y principios del XV llegaron a puertos ingleses pieles de castores que provenían de puertos vascos. Hasta entonces aquel abastecimiento se había hecho desde Rusia. La pregunta es de dónde sacaron aquellos vascos las pieles de aquellos animales que no eran rusos y que son tan comunes en América del norte aunque no en otras latitudes.

En julio del 2012 se dio a conocer el descubrimiento de un hacha en un enterramiento del Pueblo Hurón a 1.500 kilómetros de donde se cazaba la ballena (Whitchurch- Stouffville, a las afueras de Toronto en el Canadá continental), datado del año 1500: “De pescadores que llegaron a las costas de Norteamérica tras las ballenas y el bacalao, pescadores vascos que hablaban en euskera y se regían por leyes nacidas de sus propios parlamentos”, según recoge textualmente la publicación digital AboutBC. Esta hacha es el objeto europeo más antiguo hallado en tierras americanas. Hasta ahora se suponía que el primer encuentro entre los europeos y los hurones que habitaban los Grandes Lagos no se produjo hasta aproximadamente el año 1615, cuando el explorador francés Étienne Brûlé alcanzó el lago Ontario.

Todo esto lo acaba de incluir un reportaje en una emisión, la TV pública canadiense, la CBC. En ella se hablaba de la importancia de estos descubrimientos para el conocimiento de la historia de ese país.

Hablaba la CBC, por ejemplo del hallazgo de un hacha en la excavación de tierras cercanas a un cementerio de los Hurones, fechado en el año 1500. Tras el estudio de los arqueólogos resultó que el hacha había sido fabricada en el País Vasco lo que muestra el peso y la importancia de la presencia de los vascos en esa parte de Norteamérica. Una presencia, básicamente debido a su actividad como pescadores de ballenas o pescadores de bacalao, que ha dejado en esa parte de Canadá una profunda huella que va desde los más evidentes, como la toponimia de origen vasco de numerosos lugares, hasta restos de todo tipo que van siendo encontrados y puestos en valor.

Parece que el problema del hallazgo del hacha en una excavación de los indios hurones, era recaudar dinero para traducirlo. Uno de los que intervino decía: “Realmente… yo estaría dispuesto a lograr que se haga de forma gratuita ya que conozco mucha gente lo haría en España. Ese dinero podría ser gastado en el re-descubrimiento de una cabaña vasca de pesca que descubrimos en Placentia hace tres años, de los cuales yo formaba parte. Y que ahora está cerrado y vuelto a enterrar a través de un corte de la financiación… Tuve que salir de la excavación debido a los recortes de financiación, así”

En una reciente visita a Bilbao (septiembre 2011), Stephen Augustine, jefe hereditario de los Mi´kmaq que representa a un territorio en el que viven unas 35.000 personas, señalaba que era descendiente directo del jefe de los Mi´kmaq que en 1610 accedieron a bautizarse en Port Royale, en Nueva Escocia, en un gesto de «aceptación mutua» ante Enrique III de Nabarra (reducida entonces a Baja Navarra-Bearne-Foix con sus territorios) y IV de Francia, una especie de tratado de amistad entre ambos pueblos.

Los balleneros vascos llegaron a Terranova y el Labrador a comerciar con los nativos y a pescar, nunca a conquistar nada de nadie. Como pueblo, Euskal Herria nunca fue como colonialista ni belicista como los conquistadores españoles. El pueblo vasco tuvo un contacto amistoso y puramente comercial con los pueblos nativos americanos.

Son numerosas las leyendas que rodean a la figura de los balleneros Vascos y una de las más emblemáticas es la llegada al continente americano en el año 1375, exactamente a la isla de Terranova. Y si las fechas no engañan, lo consiguieron 117 años antes que Cristóbal Colon que realizo la hazaña en el año 1492. Y muchos historiadores sostienen que siglos antes. Pero no eran, sino pescadores con fama de corsarios o piratas. No mataban indios sino ballenas para su sustento y comercio. Y enseñaban a los indios para que no pasaran hambre

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La mayor actividad de los balleneros vascos fueron los siglos XIV y XV y a la par que las flotas holandesas, británicas y alemanas que comenzaron con esta actividad comenzó a desaparecer esta especie del Golfo de Vizcaya.  Esta caza se realizó en un principio en las costas del mar Cantábrico. La especie que se cazaba era la ballena franca glacial. La caza de la ballena franca glaciar tenía la ventaja de que una vez muerta, ésta no se hundía como ocurría con otras especies. Esto supuso que principalmente se utilizasen dos técnicas a la hora de la caza. Según las ultimas investigaciones la última ballena Franca Glacial se cazó en Orio en el año 1901, ya no existían vestigios de la técnica tradicional de pesca, murió literalmente dinamitada. La pesca intensiva en las costas hizo que los vascos perfeccionasen sus sistemas de caza hasta lograr llegar primero al mar del Norte y progresivamente a Islandia y más tarde a las costas de Labrador y Terranova en (Canadá). Aparte de ballenas también buscaban comerciar con pieles y, sobre todo después, a pescar bacalao. Todo este comercio y relación con los pobladores locales tuvo como consecuencia la aparición de sendos pidgin; el vasco-islandés en Islandia y el algonquino-vasco en Terranova y Labrador.

Los navegantes vascos, durante esos siglos, fueron pioneros en gran parte el mercado marítimo atlántico y, según las “Crónicas de Flandes”, además de ser hegemónicos en la caza de la ballena (los únicos que la practicaban), transportaban de la Nabarra marítima lana, hierro y sus derivados como aperos o utillaje; de la parte aún independiente del reino baskón (La Sonsierra, Alta y Baja Navarra) hilados, badana y lona; del reino de Aragón azafrán y arroz; de la corona de Castilla-León lana, cereales, cuero, cera, azogue, hilados y sebo; del Al-Ándalus aceite de oliva, miel, azúcar y frutos secos, mientras que importaban paños y tejidos de lana y seda de Monpelier, Rouen, Gante, Brujas o de los puertos de Inglaterra.

Aún tras la invasión castellana y aquitano-inglesa, la actividad marinera vasca aguantó pujante. En el “Libro del Buen Amor” del Arcipreste de Hita (1343), se describe la batalla entre Don Carnal y Doña Cuaresma y se dice: “cuantos en el mar viven vinieron al torneo, arenques y besugos venían de Bermeo”, entonces capital de Bizkaia. En las ferrerías vascas se trabajaba para clientes como de la marina castellano-española, así como se hacían sus barcos en los astilleros vascos. Por ejemplo la mayoría de los barcos de la derrotada “Armada invencible” (1588) o la nao "Santa María" que capitaneo la primera expedición Colón (1492), llamada primero “María Galante” (después “la Gallega”). Famoso fue también el ballenero vasco dedicado al comercio entre Londres y Burdeos comprado por 101 peregrinos ingleses y que bautizaron como el Mayflower, que tras arribar a Massachussets el 21 de noviembre de 1620, crearon la primera colonia permanente de europeos en Nueva Inglaterra, actual EE.UU.

Aunque abundan los mitos y relatos épicos, ya no hay duda documental sobre el descubriiento del "nuevo" Mundo

En el siglo XVI los astilleros bizkainos y gipuzkoanos eran los más importantes de toda la península y  de Europa. Aunque normalmente había un armador principal, en la aventura trasatlántica participaron con pequeños capitales gentes de todas las condiciones sociales, los cuales participaban en igual proporción de los grandes beneficios que reportaban las embarcaciones que regresaban. Casi todos los barcos eran de más de 40 toneladas, en 1571 en Bizkaia y Gipuzkoa había más de 85 barcos de 50 toneladas o más. Las "nave, navis, nao o nau" se construían de Baiona a Castro Urdiales y sólo en el siglo XVII fue sustituida poco a poco por el galeón.

En la publicación “Bertan”, de la Diputación de Gipuzkoa se comenta que “Gracias al descubrimiento y estudio del pecio de la nao ballenera San Juan, de Pasaia, hundida en Red Bay en 1565, se conocen los detalles de la construcción naval vasca del siglo XVI. En esta época de expansión oceánica las rutas de navegación eran  más largas y era necesario mejorar la capacidad de carga. El casco de la nao estaba por primera vez exactamente predeterminado por el volumen de las barricas estibadas para conseguir el mayor aprovechamiento del espacio de carga. La nao alcanzó su pleno desarrollo en las dos rutas de mayor interés económico de su tiempo: la Carrera de Indias y la Carrera de Terranova”.

Los vascos no aprendieron la caza de la ballena de los vikingos, pues éstos aparecieron en las costas vascas sobre ese año 814 y el primer documento de balleneros vascos data del año 670 dentro del ducado de Baskonia (madre del reino de Nabarra), cuando 10 toneladas de saín o aceite de ballena eran transportados por los laburtinos remontando el río Sena a la abadía de Jumieges, según una factura aportada en su día por Joseph Garat. Hasta entonces, sólo se aprovechaban las ballenas varadas en las playas. En el año 1059 la grasa de la primera ballena que se cazaba en el año en Lapurdi, se daba a su vizconde o tenente navarro.

Tras la conquista de la Nabarra marítima por los castellanos, el 31 de diciembre de 1200 desde Toledo, el rey invasor Alfonso VIII obligó a los mutrikutarras a entregar a la Orden Militar de Santiago la ballena que anualmente daban hasta entonces al rey de Nabarra, recompensando así a la Orden su participación en la conquista de la Nabarra Occidental. A partir de la conquista, "los diezmos del mar" o impuestos a la actividad marinera, se controlarán desde Burgos donde estaría el "Consulado del Mar"

 

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La txalupa ballenera aparece representada en los sellos de Hondarribia, Bermeo y Biarritz de los siglos XIII y XIV. Pueblos como Ondarroa, Bermeo o Lekeitio en Bizkaia, Getaria o Mutriku en Gipuzkoa también tienen en su sello o escudo una ballena (Hondarrabia dejó de usarlo en 1927) con leyendas como la de Lekeitio: “Horrenda cete subjetic” (dominaron al horrendo cetáceo). Los sellos de Bermeo y Biarritz muestran escenas similares y en ellos se representa el mismo tipo de embarcación: las extremidades son finas y pronunciadas y la parte visible del casco está construida a tingladillo. Hasta mediados del siglo XVI esta embarcación fue denominada “galeón”, desde entonces, quizá coincidiendo con la adopción del “forrado a tope” para la obra viva, empezó a designarse con el término txalupa.

Gracias a las txalupas balleneras vascas del siglo XVI, halladas y estudiadas en Red Bay, conocemos en detalle cómo eran las embarcaciones que protagonizaron uno de los capítulos más épicos de la historia marítima universal. Se trata de una embarcación multiuso, que se empleaba también para la pesca de la sardina en el Atlántico norte con red de enmalle o usada después para la captura del bacalao. La txalupa ballenera vasca, ya en el siglo XVI, habría llegado a una fase muy avanzada en su diseño. En siglos posteriores fue adoptada por otras regiones marineras, aunque mantenían sus características. Es el caso de la txalupa ballenera de New Bedford, conocida en todo el mundo gracias a la novela Moby Dick de Herman Melville.

Tras divisar a la ballena desde la atalaya, los arrantzales de entonces lanzaban las txalupas al mar y remando a toda velocidad llegaban hasta el cetáceo; utilizaban el arpón para cazar la ballena, esta técnica requería acercarse a escasos metros del cetáceo, lo que evidencia el valor y destreza de los tripulantes, pero también la rapidez y gran maniobrabilidad de la embarcación. Los arponeros eran muy cotizados y su técnica se mantenía en secreto, pagando con la vida el revelarla. Esta técnica fue finalmente copiada después por el resto de naciones marineras, que la adoptaron en el siglo XVII.

Todos los puertos vascos tenían hornos para quemar el saín o grasa de ballena. En los siglos XIV-XV y XVI Pasaia (Gipuzkoa) era el principal centro ballenero mundial según relata Mikel Laburu en su libro “De mare Vasconum”.

Según recogen Tomás Urzainqui y José María Olaizola en su libro “La Navarra Marítima”, tanto el historiador Lope de Isasti (siglo XVII) como Joseph Garat más de dos siglos después, afirman  dicen que los vascos no comían la carne de ballena, ni siquiera usaban sus derivados, pues toda la pesca era para la exportación. Garat lo explica así : "Los vascos no debieron de utilizar los productos de la ballena para su consumo y  ni siquiera para su uso. Eran muy finos en sus gustos. Al menos Garat no conoce referencias de que comieran ballena, ni siquiera las lenguas, que se tenían por exquisitas" y que se daban como "diezmo del mar" a la Iglesia para su venta.

Las ballenas se extinguieron de las costas vascas por el abuso de esta caza, la última fue arponeada el 14 de mayo de 1901. Incluso hubo una especie de ballena de 25 metros que pasaba el verano frente a las costas de Noruega y el invierno en el Golfo de Bizkaia o Gascuña, que se llamó la “Ballena Bizkaina” (Balaena Biscayensis, cuando se llamaba bizkaínos a todos los euskaldunes), que fue extinguida y cuyo último ejemplar fue cazado en Biarritz en 1630. Otra especie de ballena tiene el nombre en euskara: la “Ballena Sarda” (sarda=grupo). En Lekeitio desde el año 1517 hasta 1662 se cazaron 45 ballenas, en Zarautz entre 1637-1801 otras 55 y, por ejemplo, en Getaria entre 1728-1789 las capturas fueron tan sólo de 12.

Los vascos fueron siguiendo a las ballenas que iban desapareciendo del Golfo de Bizkaia hacia el Canal de la Mancha y el Mar del Norte y llegaron así los ricos caladeros del “Nuevo Mundo”, en concreto los de la isla de Terranova y la península del Labrador (hoy dentro del Estado de Canadá). Terranova y el Labrador que fueron descubiertas oficialmente para los europeos por los portugueses Gionani Caboto y Joao Fernandes de Lavrador respectivamente (1497-98).

En Terranova y el Labrador los vascos empezaron a pescar una especie a la que llamaron Bacalao, muy abundante en aquellas aguas. Según Julio Caro Baroja, la palabra “bacalao, bacallao o bacallau” podría venir del euskera, pues fueron los vascos los primeros en pescar esta especie. Aunque quizás sea una deformación de la voz francesa “baÿe caillou” o “bahía de cantos rodados o guijarros”, según explica Emilio González, lugares donde los vascos despiezaban, destripaban y descabezaban el pescado en Terranova para luego ponerlo a secar sobre los mismos; por tanto sería el nombre del lugar donde se preparaba el bacalao para la larga vuelta a Europa. Los vascos terminaron llamando del mismo modo al propio pescado, exportando el término al resto de los idiomas: bacallaos, bacalaos, bacallau, bacailo, bacalau, bacalhau. El bacalao seco en francés y alemán es “laberdon”, “laberdine” en inglés y “albarden” en ruso, voz que proviene de “laburdino”, es decir, de Lapurdi (según explica Julio Caro Baroja, “Historia del País Vasco").

El bacalao era un producto abundante, conservable en salazón, muy nutritivo y barato por lo que fue, en gran medida, responsable de paliar las hambrunas de Europa durante mucho tiempo; además, los vascos hicieron de una necesidad una virtud culinaria mediante numerosos y ricos platos diferentes de bacalao  los cuales aún deleita a los gourmet. Los vascos aprendieron esta técnica de los romanos, como lo demostraría el término latino para esta técnica, “cetaria”, nombre de dos poblaciones costeras de Gipuzkoa y Lapurdi, “Getaria”, así como lo confirmarían varios restos arqueológicos costeros de época romana.

La canadiense Selma Huxley –principal investigadora del tema-, tras estudiar los archivos del antiguo condado de Oñati, determinó que los vascos sabían que iban a pescar bacalao en Terranova pero si encontraban ballenas  también las cazaban.

En Terranova, además de cazar ballenas y pescar bacalao, los vascos dejaron topónimos y se relacionaron con los esquimales creando un idioma comercial, mezcla de los idiomas de los nativos americanos y el euskara. Lope de Isasti en 1625 comenta que si preguntas  a las tribus nativas de inuits y mimak: “Nola Zaude?”, te contestan en pidgin:” Apaizak hobeto” (¿Qué tal estás? Los curas mejor), expresión irónica que se conservó hasta el siglo XIX. La frase más larga conservada en este idioma comercial es: “Christ Maria presenta for mi balia, for mi presenta for ju buztana” (“Si Cristo y María me presentan la ballena, te daré la cola”).

Existen nombres topónimicos vascos de esta época en Canadá, en concreto en la península del Labrador y Terranova: Port Aux Basques, Nouvelle Bizcaye, Ile aux Basques, Biskai Bay, Mikela Portu, Miquelon (Mikelune), Irutxulo, Barratxoa, Baye Ederra, Antton Portu, Portu Txarra, Balea Handia, Miarritz, Placentia, Amuitz, Burka Aundi, Etxaide Portu o Aingura Txar (Ingunachoix). Son, junto a Argentina, Chile y Colombia, los lugares donde más topónimos vascos hay en América, en correspondencia a la mayor inmigración vasca a estas tierras.

Los barcos vascos salían en primavera para volver con las primeras grandes heladas, aunque algunas veces pasaban en tierras americanas el crudo invierno. Hasta 2.000 vascos de Bizkaia, Gipuzkoa o Lapurdi estuvieron pescando en Terranova y el Labrador en una misma temporada, por lo que muchos fueron enterrados en aquellas lejanas latitudes.

JUnto al desastre de la “Armada invencible” (1588) de Felipe II, el Tratado de Utrecht de 1713 supuso el abusivamente el final de la preponderancia marítima vasca, sin comerlo ni beberlo. El colonialismo existía. El Tratado de Utrecht dio carpetazo a la Guerra de la Sucesión Española con el advenimiento del francés el Borbón Felipe V de Anjou a España. En este Tratado, la corona francesa a la que pertenecía Lapurdi ocupada en el siglo XV tras la Guerra de los Cien años contra los británicos-, dejó en manos inglesas la principal fuente económica laburtina que era Terranova y confirmó la preponderancia marina mundial de los británicos por muchos años. En 1636 por ejemplo, Donibane Lohitzune (San Juan de Luz) tenía 18.000 habitantes, en 1755 la población se quedó en 3.387, hoy tiene 14.000, por tanto aún no ha llegado a recuperar la población casi 400 años después.

 

 

 

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