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Reflexiones sobre la manifestación de la diada de Cataluña (III): El futuro

15/09/2012 09:49
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Como hemos indicado previamente, la manifestación en si es un reflejo de un movimiento creciente, no es un hecho aislado de protesta por la crisis como se ha querido vender por parte de algunos. Por ello, debe tener consecuencias, a no ser que la consecuencia sea la inacción y dejar que la tendencia siga en la misma línea.

Hace escaso tiempo, las encuestas indicaban que un 36% votaría a favor de la independencia, y ahora ese porcentaje esta alrededor del 50% y va in crescendo. Significa eso que si hoy hubiera un referéndum la mayoría de la población votaría a favor? No parece, puesto que una cosa es contestar a una encuesta y otra es votar con consecuencias.

Pero no hay que perder de vista que entre los nuevos votantes, hay una mayoría aplastante de sentimiento independentista, y que por ello, de forma natural ese porcentaje favorable se va a ir incrementando si no se actúa sobre la raíz del problema.

Mi visión es que el conflicto se encamina hacia una evolución similar a la se ha producido en Quebec. Allí, hace escasos años, y después de ya haber visto satisfecha previamente algunas reivindicaciones históricas que incrementaban su autogobierno, se realizó un referéndum cuyo resultado fue un ajustado 49 favorable y 51 en contra. La consecuencia fue que el gobierno central aceptó dar muchas más concesiones y autonomía a la región, que a su vez llevó a una rebaja en las reivindicaciones y una pérdida de soporte a los que defendían la independencia, como se ha visto en las recientes elecciones en las que los secesionistas han tenido unos resultados mucho peores.

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En Cataluña puede pasar algo similar. Es decir, el gobierno español deberá aceptar negociar con Cataluña y otorgarle más autobobierno, hecho que si va acompañado de la esperable y paulatina mejora de la economía, reducirá la presión para ir más allá en los pasos independentistas, y que mucha gente que actualmente se ha alineado con posiciones más radicales, vuelva a reposicionarse.

Otro elemento que debe aclararse es el reset obligado que los partidos políticos catalanes están obligados como consecuencia de los hecho del 11-S. Empezando por CIU, que deberá decidir de una vez por todas si abandona su ya clásica ambigüedad y el no hablar abiertamente de independencia.

Otro que debe situase en el nuevo mapa político es el PSC que sigue perdido tras la debacle en las 2 últimas citas electorales, y que sigue en su lucha interna por definir su siempre compleja identidad, con corrientes nacionalistas y centralistas, y que se debate en ser un partido pronacional o hacer guiños soberanistas. De facto, se debate entre si Cataluña tendrá un escenario político similar al País Vasco (con PP y PSOE por un lado, y el resto por otro) o el PSC aboga por un hecho diferencial.

Y todo ello, con unas elecciones anticipadas que se vislumbran a corto plazo, bien para ratificar el improbable acuerdo sobre el nuevo modelo de financiación bilateral y con una hacienda propia, o bien para un referéndum tácito que reequilibre las fuerzas dentro del nuevo mapa político catalán.

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