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La revolucionaria del cine olímpico, Berlín 1936: Leni Riefenstahl, la cineasta que amó a Hitler

10/07/2012 17:41

0 Es complicado tratar de un tema setenta años después: la historia y la leyenda urbana andan juntas mezcladas. 1936, días dramáticos, preludio de la Segunda Guerra Mundial. Pero al ser en sí algo tabú y desconocido, Diáspora se atreve a abordarlo tras un detenido estudio

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Leni Riefenstahl se crió en el seno de una familia acomodada; su padre quería que ella continuara con el pequeño negocio familiar (arreglo de calefacciones). Sustrayéndola así del ambiente depravado política y moralmente de aquellos primeros días del nazismo. Su madre consideraba que la forma de lograrlo era creándole un futuro independiente que ocupara su vida siempre en el mundo artístico, que era su vocación. Helene Bertha Amalie Riefenstahl nació el 22 de agosto de 1902 en Berlín

En 1918, cuando tenía 16 años, Leni comenzó a asistir a clases de ballet en la Grimm-Reiter Dance School de Berlín, donde terminó convirtiéndose en la alumna estrella. Así comenzó su carrera como bailarina, bajo las enseñanzas y dirección de la famosa bailarina rusa Eugenie Eduardovala que la presentó en distintos ciudades de Europa, y a trabajar con el director Max Reinhardt en un show fundado por el productor judío Harry Sokol, Leni no comprendía el ambiente que se estaba encubando contra ellos y en casa no le decían nada. Se supone que eran antinazis, pues de lo contrario no hubieran permitido que su manager artístico fuera judío.

Después de sufrir una lesión en su rodilla durante una presentación en Praga, vio una cinta de montaña (género centrado fundamentalmente en el montañismo, sobre todo en la batalla del hombre contra la naturaleza) titulada, “der Berg des Schiksals” (1924), y quedó fascinada con las posibilidades que tendrían esa clase de films de la naturaleza.

La joven Leni demostró tener siempre una voluntad de hierro luchando con pasión y defendiéndose mucho después de múltiples calumnias con una fuerte determinación a la hora de establecer lo auténtico y lo falso de la historia que le tocó vivir. Su identidad y su verdad, nada más.

Aprendiendo cine en la montaña.

“The Holy Mountain” (1926) (La montaña Sagrada) fue su primera incursión en el mundo del cine como actriz, ya que los vestidos de bailarina estaban ya olvidados, excepto por las polillas. En los ambientes de montaña Leni conoció a Arnold Fanck, director de cine, geólogo y fundador de la Sociedad de Cine Deportivo y de Montaña de Frigurgo. Arnold quedó prendado de la belleza y decisión de Leni y la contrató. El era antinazi.

El rodaje de la película fue un cúmulo de problemas, entre ellos otra lesión de Leni y la falta de fondos económicos. Pero el film consiguió estrenarse con éxito en 1926. Durante el rodaje, la joven actriz no sólo interpretó su papel con gran profesionalidad sino que aprendió de Frank los entresijos de la dirección cinematográfica.

Riefenstahl protagonizó varios films de Fanck, como por ejemplo, “The Holy Mountain” (1926), “The Big Jump” (1927) y

“S.O.S. Eisberg” (1933) en los cuales por lo general interpretaba a mujeres atléticas y aventureras con un atractivo femenino especial. Gracias a su participación en estas cintas, Leni se volvería una experta montañera, y además aprendería además muchas técnicas de filmación, que le prepararon a su salto de actriz a directora.

En 1932 se le presentó la oportunidad de dirigir “The Blue Light” (1932) y ella no dudó en aceptarla. Distanciándose del estilo realista característico de las cintas de Fanck, Riefenstahl filmó esta primera cinta como si se tratara de un relato místico. Dirigió, protagonizó y co-escribió el guión de dicho film, el cual fue producido por su propia minicompañia. “Leni Riefenstahl Productions“. Aunque “The Blue Light” ganó algunos galardones, no fue bien recibida por algunos críticos, en su mayoría judíos. Se decía, que por esta razón Riefenstahl mandó a retirar de los créditos los nombres del guionista Béla Balázs y el productor Harry Sokal, los cuales eran judíos. Aunque a la directora le ofrecieron un trabajo en Hollywood, prefirió quedarse en Alemania, donde terminaría haciendo historia.

Durante ese periodo, Leni ganó bastantes seguidores, entre los que se encontraba nada menos que Adolf Hitler.

The Blue Light (La luz azul), una leyenda de los Dolomitas, fue su estreno como directora, actriz a ratos. Fue todo un éxito. En la Bienal de Venecia de 1932 consiguió la medalla de plata y la película se mantuvo en cartel más de un año en varias capitales europeas.

Leni Riefenstahl: la carrera de una directora marcada por el nazismo.

Estando de promoción de The Blue Light en Alemania, Leni vio por primera vez a Adolf Hitler y toda su parafernalia propagandística en un acto público en el Palacio de Deportes de Berlín.

Riefenstahl escuchó un discurso del entonces candidato presidencial Adolf Hitler, quedó impresionada por su impacto como orador.

Impresionada por la personalidad de Hitler no dudó en enviarle una misiva de felicitación que, sorprendentemente para ella, recibió respuesta. El Führer y Leni se conocieron poco tiempo después y la artista empezó a frecuentar los círculos políticos y festivos de la élite nacionalsocialista alemana.

De hecho, ella escribiría en sus memorias: “Tuve una visión casi apocalíptica, difícil de olvidar. Me dio la impresión de que la tierra se estaba abriendo en frente de mi, como un hemisferio que de pronto se parte por la mitad expulsando un enorme chorro de agua, tan poderoso que tocaba el cielo y estremecía la tierra“.

Adolf Hitler se interesó por el trabajo artístico de Leni y, asesorado por algunos de sus íntimos especialmente por Rudolf Hess, decidió ofrecer a la artista la dirección de varios documentales del partido nazi. Y Leni recibió la oferta de dirigir “Victory of Faith” (1933), un documental acerca de la reunión del partido Nazi en Nuremberg en 1933. Tras filmar dicho documental, impresionado por el trabajo de la directora, Hitler le pidió que filmara la asamblea del partido al año siguiente. Sin embargo, Riefenstahl no dijo que sí y respondió que preferiría filmar la ópera favorita de Hitler, “Tiefland” de Eugen d´Albert. Lamentablemente, la producción del film tuvo algunos problemas, por lo que el proyecto tuvo que ser suspendido.

Consciente de todo esto, Hitler convenció a Leni para que filmara una nueva cinta para el partido, con la condición de que sería la última vez que le pediría realizar un film de este tipo. “Triumph of the Will” (El triunfo de la voluntad, 1935), es reconocida hoy como una verdadera obra maestra del cine documental. Dicha cinta constituyó todo un éxito en Alemania, pero en países como Estados Unidos fue censurada por su contenido (el Museo de Arte Moderno fue uno de los pocos lugares que consiguió una copia, a la cual tuvo acceso solo un selecto grupo de personas). De todas maneras, el film ganó numerosos premios internacionales, lo que situó a Riefenstahl como la primera mujer en ganar reconocimiento internacional como directora de cine. Pese a haber jurado que no volvería a dirigir más cintas acerca del partido Nazi, en 1935 realizó un film de 18 minutos titulado, “Day of Freedom: Armed Forces”, el cual se centraba en el ejército alemán.

La reunión política de Nuremberg en 1935 alcanzó triste notoriedad debido al pronunciamiento acerca del estatus de los judios en Alemania. Durante muchos años, Riefenstahl negó haber participado en este documental argumentando que si había hecho el de Nuremberg de 1933, pero negándose a colaborar en 1934, por lo que no le pidieron siquiera intervenir en 1935.Un periodista en 1971 cuando se encontró una copia del film, vio a mano de Leni en él, aunque probablemente ella, en origen, decía la verdad. Pero aun le quedaban escrúpulos de conciencia por haber retirado los nombres del guionista Béla Balázs y el productor Harry Sokal, judíos y amigos, de un film anterior ya citado y prefirió callarse.

Pero su obra maestra estaba por llegar con los XI Juegos Olímpicos de Berlín

El comité organizador de las Olimpiadas de 1936, pidió a Leni que hiciera una película sobre los juegos. Otros dicen que Hitler fue quien le invitó personalmente a filmar los Juegos Olímpicos de Berlín. La directora además viajó a Grecia para obtener algunas tomas de Olimpia, el lugar donde se iniciaron las olimpiadas.

Aunque en un primer momento dudó, según digno “por miedo a crear una cinta aburrida y tópica del deporte“, finalmente decidió aceptar pensando en darle un giro de 90 grados a la visión olímpica.

En esta etapa, Reifenstahl trabajó con el camarógrafo Walter Frentz en un codo a codo, Frentz apoyó totalmente a la cineasta con tomas artísticas muy logradas. Frentz acompañaría a Leni Riefenstahl hasta 1938, época en la cual Joseph Goebbels nombró a Frentz camarógrafo oficial de Hitler destinándolo a la Luftwaffe, cosa que a ella le pareció una puñalada tanto a su espalda como a la de Frentz, destinada a alejarle del Fuhrer. Entonces comenzó la guerra de Goebbels contra Leni.

“Olympia” se estrenó el 20 de abril de 1938, el día del cumpleaños del Führer. La cinta dividida en dos partes, “La fiesta de los pueblos” y “La fiesta de la belleza“, fue todo un éxito y se convirtió en un referente en el mundo cinematográfico. Utilizó efectos especiales y avances en la postproducción que fueron muy innovadores en su época.

Riefenstahl sería una de las primeras realizadoras en situar cámaras en rieles, con el fin de seguir los movimientos de los atletas, además de incluir algunas tomas en cámara lenta, por ejemplo en el salto de pértiga que lograba un efecto visual de que el atleta caía del cielo.

Cabe destacar los peculiares enfoques en los detalles instantáneos del movimiento, las tomas en cámara lenta (hoy en día, sus técnicas de tomas en acción se usan mucho) además de introducir innovaciones técnicas y de producción utilizados por Riefenstahl en estos trabajos, ya que fue pionera en la utilización de medios y formas de rodaje y post-producción muy comunes hoy día en las producciones audiovisuales, pero indudablemente innovadores en la época.

La revolución de Leni Riefenstahl marcó un ayer y un hoy en el cine documental no sólo olímpico. Introdujo innovaciones teóricas del cuerpo humano en movimiento y técnicas aún vigentes

El trabajo de la directora en “Olympia” se cita corrientemente como una de las más grandes influencias de la fotografía deportiva moderna. Y ocupan un lugar central en libros de historia y manuales con trabajos críticos de la presentación del nazismo como el gran teatro del mundo confiriéndole un carisma inquietante a pesar de las poses y de la estridencia de Hitler. Y son una muestra del poder del cine-o de la imagen- para imponer una falsa estética espiritual a lo que es un mensaje político totalitario- en realidad escalofriante y amenazadora… ya en 1936. Ella se mostró satisfecha al final porque los tres millones de dólares que recibió del patrocinador, el propio Hitler, al que llamaba eufemísticamente el “director” le permitieron seguir su carrera con independencia del odiado ministro de prensa y propaganda Joseph Goebbels y su camarilla, que dominaron vida del III Reich

Aunque Joseph Goebbels le dijo a Riefenstahl mediante orden escrita dirigida a todos los medios que eliminara e ignorara terminantemente la presencia en sus films de todos los atletas no-arios que participaban en los Juegos, la directora filmó y luego editó de todas maneras a todos los atletas, incluyendo al atleta afroamericano Jesse Owens, a quien se ve victorioso en una de las escenas más recordadas de la cinta, en la histórica final de 100 metros, para vergüenza de los arios.

Leni Riefienstahl obtuvo del régimen nazi toda clase de recursos económicos y técnicos y un fuerte apoyo como cineasta, y gozó no solo de poder acceder al cercano círculo de amistades de Hitler; sino que también de muchas garantías y excepciones a diferencia de otros cineastas alemanes de la época, que se jugaban el campo de concentración a la menor estridencia sospechosa. En 1938, ya con una gran fama precedente como cineasta del nazismo, Hollywood la invitó para promover la película Olympia; sin embargo, la persecución a los judíos en Alemania la perjudicó en sus objetivos desde su llegada a Estados Unidos. A pesar de que muchos críticos que vieron en privado el film, declararon que era una obra de arte inimitable que se sobreponía a su obvio apostolado del nazismo, no la apoyaron debido a presiones de la liga antinazi muy poderosa en los medios norteamericanos. También habría que citar siquiera que la Casa Blanca, hasta después de Nixon se mostró contraria a los atletas de color. La ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles) protestó, pero el FBI ahogó cualquier grito, porque Edgar J. Hoover era también racista.

Intentando no perder el viaje, pudo entrevistarse privadamente con Walt Disney; pero este, cortésmente, rechazó ser su aval ante los ejecutivos de Hollywood por diferencia de convicciones políticas no acordes con el pensamiento político convencional norteamericano. Más tarde, Disney negó haber tenido contacto alguno con Riefenstahl, lo cual tampoco era cierto.

En 1948, aun reconociendo el mensaje político de fondo “Olympia” el Comité Olímpico Internacional concedió una medalla de oro a Leni, porque “el documento trasciende a la política y en conjunto es un himno de alabanza al olimpismo como nadie nunca había hecho en el mundo”. Y el New York Times dijo que era un canto a la destreza atlética y a la poesía del cuerpo humano en movimiento. Filmar algo que está en constante evolución, supervisar miles de metros de celuloide (250 horas de película), cortar, montar, incluir efectos de sonido del público con voces de atletas y entrenadores, música; y, en fin, la inmensa tarea de la posproducción requeriría hoy un esfuerzo heroico pero a fines de los años 30 con aparatos todavía primitivos y artesanales, debió ser un milagro. El hecho de que terminaran apareciendo atletas arios y no arios y lograr que eso se viera en las pantallas del mundo, fue también un mensaje objetivamente valiente. A Goebbels no solo le engañó Leni sino sus ayudantes (35 técnicos) que guardaron prudente silencio sobre escenas o personajes de color o judíos, hasta que el film pasó al mercado internacional. La furia y las protestas de Goebbels ante Martin Bormann, Albert Speer y Heyndrich chocaron contra el muro del Führer y su secretario político Rudolf Hess, que apoyaba a la cineasta.

La leyenda urbana se mezcló con la información y se dijeron cosas como que, un año antes de que esto sucediera, la directora había declarado en un periódico que para ella, Hitler era un hombre casi perfecto. Estas declaraciones terminarían empañando toda su gira por norteamericana, donde terminaría confirmando sus declaraciones. Esta no sería la única controversia en la que estaría involucrada la directora. Se dijo que durante la invasión alemana a Polonia, Riefenstahl fue fotografiada en compañía de soldados alemanes vistiendo un uniforme militar y portando un arma en su cinturón, cosa improbable. Porque 12 de septiembre de 1939, estando en el poblado de Konskie 30 civiles polacos fueron ejecutados, debido a que supuestamente atacaron a un grupo de soldados alemanes. Según sus memorias, Riefenstahl trató de intervenir en su favor, pero uno de los soldados alemanes se lo impidió a punta de pistola, amenazándola… De todas formas, el 5 de octubre de 1939, Riefenstahl regresaría a la ahora ocupada Polonia para filmar el desfile organizado por Hitler en Varsovia. Después abandonó Polonia, con la promesa de no volver a filmar ninguna cinta relacionada con los Nazis durante el resto de su carrera, cosa que parece cumplió.

Leni, trabajadora incansable colaboró en algunos aspectos con Albert Speer, cuando era uno de los arquitectos en el régimen nazi, en la creación de la famosa Catedral de luz, Riefenstahl llegó a tener una relación profesional y de amistad muy cercana a Speer. Poseedora de una figura y belleza excepcionales, su perfil fue tipificada y caricaturizada como el tipo de mujer fatal del régimen nazi en muchas cintas de dibujos animados y filmaciones norteamericanas de la época, cosa que ella rechazaba.

Si bien Leni Riefenstahl posteriormente arguyó que había sido simpatizante de Hitler en sus inicios, pero se fue distanciando poco a poco de la persona del dictador. Negó haber sido además amante de Hitler, y confesó ser amiga de Rudolf Hess y Albert Speer y que la profunda animadversión mutua con Joseph Goebbels, hizo que este utilizara todo el poder de su propaganda e inventara los chismes más ridículos contra ella y sus amigos. En 1938, Leni Riefenstahl se casó con un oficial de la Wehrmacht llamado Peter Jacob. Durante la guerra, perdió a su hermano Heinz Reifenstahl en el frente oriental. Su padre, Alfred Riefenstahl murió el 20 de julio de 1944 de cáncer, el mismo día del atentado contra Hitler.

De todas formas, la relación entre ella y Hitler se deterioró por completo en 1944, cuando su hermano Heinz murió en Stalingrado. De hecho, tras su matrimonio con Jacob en marzo de 1944, nunca más volvió a ver a Hitler. Después de sus documentales dedicadas al partido nazi ya en 1954 recomenzó la película que había intentando filmar sin éxito y abandonado algunos años antes; “Tiefland”. A fines de 1940, ella había comenzaría a filmar dicha cinta, donde gran parte de los extras que aparecen en el metraje, eran prisioneros de los campos de concentración los cuales fueron obligados a trabajar con la directora. Durante años Riefenstahl sostuvo que todos los extras que habían participado en la cinta, al terminar habían sido puestos en libertad. Otros afirman que, existen evidencias de que parte de los extras fueron enviados a otros campos de concentración una vez terminada la cinta. En octubre de 1944, la producción de “Tiefland” se movió a los Barrandov Studios en Praga, lugar donde fue terminada, aunque no podría ser editada hasta el año 1954. Es sintomático que Leni fue después siempre bien acogida en Polonia donde se le recordaba haberse opuesto al fusilamiento de los civiles con todas sus fuerzas y estuvo a punto de ser fusilada con ellos.

El desastre de su vida llegó con el fin de la segunda guerra mundial aunque no el epílogo

Cuando el ejército alemán colapsó en la primavera de 1945, Riefenstahl abandonó Berlín. Mientras se encontraba pidiendo refugio junto a un grupo de hombres, fue detenida por tropas norteamericanas. Tras esta detención, se vería involucrada en una serie de arrestos y escapes a lo largo del territorio alemán. Cuando por fin logró llegar a la casa de su madre, se encontró con la supresa que un grupo de soldados norteamericanos estaban rodeando la casa, por lo que no le quedó más remedio que entregarse. Una vez que fue puesta bajo custodia, Riefenstahl negó haber tenido conocimiento de la existencia de campos de concentración, como otros muchos alemanes. Reconoció la fascinación que había sentido por Hitler, pero negó tener conocimiento de cualquier tipo de crimen de guerra. Era una pacifista de principio.

Aunque desde 1945 a 1948, ella fue retenida en diversas prisiones, nunca fue condenada ni por su papel como propagandista, ni por el uso de prisioneros de los campos de concentración en sus cintas. Algunos años más tarde Riefenstahl declaró que lo que más lamentaba era haber conocido a Hitler: “Fue la mayor catástrofe de mi vida. Hasta el día de mi muerte la gente dirá, “Leni es una Nazi”, y yo seguiré diciendo, “¿Pero que fue lo que hice?”.

El final de la guerra le trajo otros problemas porque el gobierno francés también le persiguió y la dejó en la miseria económica. Su segundo matrimonio fracasó. En efecto, el gobierno francés se empeñó en enjuiciarla por su vínculo con los dignatarios del nazismo confiscándole todos sus bienes. Incluso se le llegó a recluir en un manicomio como medio para desnazificarla. Riefenstahl rechazó estar vinculada con el régimen nazi, aduciendo que sus filmes y trabajos sólo habían sido producto de un servicio profesional contratado y que ella había cumplido de acuerdo con las directivas nazis, sin hacer una apología por convicciones personales.

Sin embargo, estas apologías aún son objeto de controversia debido al alto grado de vinculación que tuvo con los altos círculos nazis, y es un hecho que ella nunca pudo desprenderse del estigma del Nazismo. También negó por enésima vez haber sido la amante de Hitler, y se limitó a reconocer que el líder alemán la pretendió en alguna ocasión sin que ella aceptase (lo mismo ocurrió con Goebbels). Riefenstahl fue en un comienzo una negacionista ingenua del Holocausto, pero más tarde rechazó los horrores del nazismo. Finalmente, en 1948, fue eximida de culpabilidad y declarada solo como una simpatizante del nazismo; no obstante, el daño económico y moral estaba ya hecho.

La mayoría de los negativos de las cintas de Riefenstahl junto con el material de otros proyectos que no alcanzó a terminar, se perdieron al final de la guerra. El gobierno francés confiscó también todo su equipo de edición, junto con los rollos de producción de “Tiefland”. Después de años de conflictos legales, los rollos le fueron devueltos, aunque parte de los negativos se dañaron cuando el gobierno de Paris intentó revelar la película, que por fin pudo estrenar ese año del 54, pero ese terminó siendo su último trabajo como directora.

Ella intentaría en numerosas ocasiones (alrededor de 15 veces) realizar nuevas películas durante los cincuenta y sesenta, pero se encontraría con bastante resistencia por parte de la industria cinematográfica, con protestas públicas, y con críticas punzantes. Muchos de sus colegas que se encontraban en Hollywood, habían huido de la Alemania Nazi por lo que no la miraban con buenos ojos.

A partir de la década de 1950, Riefenstahl había iniciado una nueva y estimulante etapa profesional, esta vez como fotógrafa. A finales de la década siguiente produjo una detallada y bella documentación fotográfica sobre un pueblo africano, los Nuba, donde ella vivió por algún tiempo con el fin de conocer más acerca de su cultura. En dicho país no tuvieron problemas para aceptarla, debido a que no conocían nada acerca de su pasado. Durante ese periodo, comenzó una relación sentimental con el camarógrafo Horst Kettner, quien tenía veinte años menos que ella.

Después un tiempo, a Riefenstahl le fue concedida la ciudadanía sudanesa, debido a los servicios prestados al país. Sus libros con las fotografía de la tribu fueron publicados en 1974 y 1976 como, “The Last of the Nuba” y “The People of Kau”, convirtiéndose de inmediato en bestsellers a nivel internacional. A los 72 años de edad, Riefenstahl empezó a interesarse en la fotografía submarina. En 1978, Leni publicó un libro con algunas de sus tomas submarinas llamado, “Coral Gardens”, y en 1990 publicó otro titulado, “Wonder under Water”. El 22 de agosto del 2002, durante la celebración de su cumpleaños número cien, ella estrenó la cinta, “Underwater Impressions” (2002), un documental que idealizaba la vida bajo los océanos.

Aun en su vejez, Leni desarrolló una gran actividad en pro de su arte, llegando a sufrir un grave accidente que le dejó con problemas dorsales y en la cadera (sobrevivió a la caída de un helicóptero). Riefenstahl falleció a los 101 años en su casa de Poecking, a la orilla del Danubio en la barcaza vivienda, «Starnberger See», en Baviera. La cineasta, que padecía cáncer y problemas dorsales, falleció mientras dormía, tras un progresivo deterioro de su salud.

Además de ser la buceadora más vieja del mundo con el estrenó “Underwater Impressions”, Riefenstahl fue miembro de Greenpeace durante ocho años. Independiente, enérgica, maniática del trabajo, ególatra y defensora a ultranza de la supremacía del arte, su obra está asociada a una época de horror, el imperio nazi, y a una figura que fue a la vez protector e ídolo: Adolf Hitler.

El destino del Reich marcaría a Riefenstahl de forma decisiva, y ella, a su vez, fue la encargada de plasmar la imagen del régimen en películas de enorme fuerza visual, donde la belleza física enmascaraba manejos mucho más oscuros. Más allá de sus inclinaciones políticas o los errores que pudo haber cometido durante la guerra, Leni Riefenstahl marcó un antes y un después en la historia del cine y la fotografía en cuanto a la labor de las mujeres tras las cámaras; no solo ganó reconocimiento internacional por su obra más allá de su contenido, sino también por utilizar nuevas técnicas que siguen vigentes y admiradas hoy.

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