Globedia.com

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Montserrat Gutiérrez escriba una noticia?

La gran variedad del sexo subacuático asegura la supervivencia

17/08/2012 18:59

0 La diversidad de prácticas sexuales debajo del mar es abrumadora. Desde fecundación interna a externa pasando por sexo oral, parejas para toda la vida y orgías monumentales

0

El abanico de posibilidades sexuales proporciona a los peces una mayor probabilidad de supervivencia en un ambiente tan competitivo como el océano.

En la variedad está el gusto

Los científicos marinos aseguran que cualquier fantasía sexual que te puedas imaginar se cumple en el mundo de los peces. Su variedad de opciones sexuales abarca desde la fecundación interna a la externa, pasando por la bucal. Desde peces que son fieles toda la vida hasta una amplia mayoría de costumbres promiscuas y desenfadadas. Y desde cortejos elaborados a tremendas orgías subacuáticas donde nadie se fija demasiado en quién fertiliza a quién.

Por si la variabilidad de hábitos sexuales supiera a poco, señalan los biólogos, hay especies que a lo largo de la vida cambian de sexo. Las doradas (Sparus aurata), por ejemplo, son hermafroditas secuenciales, nacen con gónadas masculinas y femeninas, pero primero maduran unas y después las otras. La mayoría nacen macho y, aproximadamente a los dos años, se transforman en hembras.

En cambio, los meros (Epinephelus marginatus), funcionan al revés. Es una especie proterogínica, que alcanza su primera madurez a los cinco años como hembra y hacia los 12 años se convierte en macho.

En poblaciones no sometidas a la explotación pesquera, caso de las reservas marinas, el cambio de sexo está condicionado socialmente, explican los investigadores. La transformación de hembra a macho solo se produce cuando desaparece el macho dominante.

El mero macho es un animal muy territorial, solitario y dominante, y se aparea con un auténtico harén de hembras, de entre tres y quince, que viven dentro de los límites de su territorio. A veces, durante un corto periodo de tiempo, cuando el animal recién se ha convertido en macho puede conservar su coloración femenina, y aprovechar para colarse en el territorio de otro congénere y buscar pareja, señalan los biólogos. Ni las hembras ni el macho dominante sospecharán de sus ‘lascivas’ intenciones.

Además de por edad y tamaño, los peces también cambian de sexo en función del fotoperiodo –cantidad de horas de luz– y de la temperatura a la que se incuban los huevos. En muchas especies de vertebrados, principalmente en peces y reptiles, la temperatura ambiental influye en la determinación del sexo de los individuos, indican los investigadores.

El equipo de Piferrer publicó a principios de año en las revista PLoS Genetics el mecanismo molecular mediante el cual un aumento en la temperatura de incubación de los huevos de lubina (Dicentrarchus labrax L.) provoca la masculinización de los ejemplares.

Pero también hay peces, como el serrano imperial (Serranus atricauda), que son hermafroditas sincrónicos y tienen testículos y ovarios, ambos funcionales a la vez, lo que hace que cualquier encuentro con un congénere pueda resultar en una puesta fértil, algo muy útil cuando la densidad de individuos es muy baja, porque, además, también pueden autofecundarse, señalan los expertos.

Orgías, cortejos y sexo oral

A las sardinas (Sardina pilchardus) les trae sin cuidado quién les fertilice o a quién fertilizan y en temporada de puesta forman enormes agregados o frezas, a modo de ‘orgías marinas’ en las que liberan todo sus gametos al mar de manera simultánea.

Pero no todas las hembras son tan despreocupadas sobre la paternidad de su progenie. El mero de las islas Medas se reproduce en pareja y la puesta es especialmente espectacular, afirman los científicos, ya que la hembra se coloca sobre el fondo en un punto determinado del territorio del macho, lo que indica que está dispuesta a jugar.

Para aparearse, los tiburones realizan nado sincronizado, cambios de color y mordiscos "cariñosos"

El macho, entonces, responde acercándose, la tantea dándole unos suaves golpes en la cabeza y rozándola con su cuerpo en un característico movimiento de aleteo. Si la hembra responde a estas caricias, inicia una subida vertical seguida por su pretendiente y ambos giran uno alrededor de otro durante esta ascensión.

En numerosas ocasiones la cosa acaba aquí y se separan para volver al fondo e iniciar de nuevo el cortejo. En otras, sin embargo, la historia va a más. La cabeza se les colorea de rojo y vuelven a subir a la superficie enzarzados en una espiral cada vez más trepidante hasta que, al final, la hembra desova varios millares de huevos, el macho eyacula inmediatamente y cada uno regresa al fondo y se va por su lado. Atrás dejan una nube de huevos que es rápidamente asaltada por hambrientas obladas (Oblada melanura), que parecen intuir cuándo la subida va a acabar realmente en puesta”, señalan los expertos.

Tanto en las frezas como en el mero de las islas Medas la fecundación de los gametos es externa. Algunos cíclidos africanos y sudamericanos tienen otro tipo de estrategia.

La hembra de estos peces de agua dulce pone los huevos y se los mete en la boca para protegerlos. Curiosamente, cosas de la naturaleza, la aleta anal del macho tiene la misma forma y color que los huevos, por lo que ella se confunde. La hembra se dirige hacia la aleta del macho y, cuando se la mete inocentemente en la boca, él se ocupa de maximizar la fertilización. Obviamente no es muy selectiva sobre a qué macho se acerca o si siempre se acerca al mismo.

Te quiero para toda la vida

Existen pocos casos confirmados por análisis molecular de peces que mantengan la misma pareja dentro de una misma temporada de puesta y a la vez en sucesivas, apuntan los biólogos. Una de ellas es un caballito de mar australiano (Hippocampus subelongatus) aunque también se han detectado ‘infidelidades’ dentro de esta especie.

La monogamia puede referirse a diferentes patrones de conducta. En el sentido genético más estricto, una especie es monógama si existe una relación de apareamiento exclusiva entre un solo macho con una sola hembra. Sin embargo, también se pueden considerar monógamas si se mantiene la misma pareja en la mayoría de temporadas reproductivas.

Además del caballito de mar, otro ejemplo de monogamia es el género Amphiprion, el pez payaso que, además, presenta cuidado parental de los huevos y las crías. Suelen ser hermafroditas proterándricos y, si uno extrae a la hembra de la anémona, el macho revierte su sexo y se convierte en hembra.

Los tiburones también se aparean en pareja, aunque no son monógamos. Las hembras de muchas especies copulan con varios machos y hasta existe multipaternidad dentro de una misma camada, comentan los científicos, .

El éxito evolutivo de los elasmobranquios –tiburones y rayas–, se debe en gran medida a la fertilización interna. Sus crías no son numerosas, pero nacen grandes y completamente preparadas para sobrevivir en el medio, dicen los expertos.

La actitud de apareamiento de los tiburones puede ser muy compleja y los rituales previos entre machos y hembras varían considerablemente entre las especies. Los patrones de comportamiento, como nado sincronizado, cambios de color y mordiscos ‘cariñosos’ del macho a la hembra son comunes, indican los investigadores.

Y todo por un mayor éxito reproductivo.

Comentarios

No hay comentarios, se el primero en